EL OXÍGENO

EL OXÍGENO

Por: Mario Góngora Hernández

Los seguidores de AMLO pugnan por abolir los huertos de frutos y sobre todo los nogaleros pues “toman mucha agua”, entonces, dicen, es mejor destruirlos.

Si bien en los Estados Unidos de Norteamérica cortar un árbol para efectos madereros genera la plantación de ocho más, en el resto del mundo normalmente no sucede así, y al ritmo actual los bosques del mundo podrían desaparecer en los próximos 50 años si la tala continúa tal como hasta ahora. El problema es que año con año ésta se incrementa a ritmo acelerado. En un estudio realizado por el World Wide Fund for Nature, se dio a conocer que de los ocho mil noventa y cuatro millones de hectáreas de bosques que existían hace 8,000 años, ahora solamente existen tres mil treinta y cinco millones. Los bosques tropicales se destruyen a razón de dieciséis millones novecientos noventa y siete mil cuatrocientas hectáreas anuales, con índices similares en los bosques de Canadá y Europa. Se estima que solamente le quede al mundo un 10% de sus bosques en solo unos años.

Esto es alarmante y catastrófico, y ya si no podemos hacer nada a nivel mundial o nacional, sí lo podemos hacer a nivel estatal. Si alguien se siente ofendido en su economía al reducirse la explotación de los bosques, sólo bástele pensar que en 50 años ya no habrá nada que explotar, además de haber influido o contribuido a la destrucción de la calidad de vida de todos sus semejantes.

Pero ¿cuál es la principal función de los bosques fuera de utilizar la madera en la industria de la construcción, en la fabricación de durmientes, postes, papel, en la fabricación de atractivos muebles y en hacer fogatas?

Recientemente se analizó el aire contenido en una burbuja de ámbar de la edad prehistórica, descubriéndose que sus niveles de oxígeno eran del 38%. En la actualidad, en zonas sin contaminación ambiental, el nivel varía de un 19 a un 21%. Esto significa que existe una degradación de un 50% en el contenido promedio de oxígeno que ahora respiramos. El ser humano fue originalmente diseñado para funcionar con un 50% más de oxígeno que con el que ahora cuenta. En la ciudad de México no es raro encontrar en ciertas zonas aire con un contenido de oxígeno de 12 a 15%. El día que llegue a 7%, nos despedimos de esta vida.

El Dr. Otto Warburg, bioquímico alemán que ganara un premio Nobel por sus investigaciones sobre el cáncer, está convencido de que las células cancerosas proliferan solamente cuando las células del ser humano tienen un déficit en oxígeno, y que dichas células no pueden desarrollarse en un medio ambiente rico en dicho elemento.

Ahora también se conoce que posiblemente todas las enfermedades crónicas y degenerativas son propiciadas y mantenidas por un déficit de oxígeno en nuestras células.

Cuando el oxígeno es insuficiente, puede causar algunos de los siguientes problemas: debilidad, dolores musculares, depresión, mareos, irritabilidad, fatiga, pérdida de la memoria, comportamiento irracional, hostilidad crónica, problemas circulatorios, mala digestión, acidez estomacal, reducción de las defensas del cuerpo, problemas bronquiales y tumores de todos tipos.

El contenido adecuado de oxígeno en el ser humano debe ser de 3 veces el del aire, y existen dos formas para oxigenarnos. El aire que respiramos y la comida que comemos. Dentro de las comidas ricas en oxígeno tenemos las verduras, los granos, las semillas y las nueces. Los alimentos que más nos roban oxígeno son, entre otros, el azúcar refinada, las harinas blancas, el alcohol y la cafeína. La comida chatarra requiere de tremendas cantidades de oxígeno para poder ser metabolizada.

Por nuestra propia supervivencia, es urgente conservar y aumentar las principales fuentes de oxígeno que existen en el planeta, y para lograrlo, sólo necesitamos gobernantes con la suficiente visión para hacerlo.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *