Por
Mario Góngora H.
El trabajo normalmente es visto como algo necesario pero desagradable. Tan molesto es para algunos, que tiene que ganarse “con el sudor de la frente”. Sin embargo, cuando amamos el trabajo, el trabajo no nos cuesta trabajo, y esta sentencia bíblica se transforma en una bendición. La felicidad no existe sin el trabajo. ‘Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma’, sentencia la Biblia.
Si nuestro destino en la vida fuera tan solo “vivir”, sin hacer absolutamente nada sino comer y dormir, que es el sueño de muchos, moriríamos sin remedio. No trabajar es en realidad una tortura. Si de pronto todo cesara, los músculos, el cerebro, las emociones; nos convertiríamos en mucho menos que insectos.
Si nos gusta lo que hacemos, el trabajo no representa ningún esfuerzo. Pero si analizamos los orígenes de la palabra, se trata de una tortura de la antigua Roma cuyo nombre era tripalium (tres palos) y del verbo tripaliare (torturar o torturarse). Posteriormente, del español antiguo, ‘trebejare’ significó esfuerzo o esforzarse. Pero cuando amamos el trabajo, no es ninguna tortura y ni siquiera un esfuerzo, sino es vida, sentido de logro, de realización. Es una gran terapia para sentirnos bien con nosotros mismos.
Si caminamos por la calle, todo lo que vemos, desde las calles hasta los edificios, los automóviles, los anuncios, las plazas, etc., están ahí, gracias al trabajo. Fuera de la naturaleza, nada podría existir sin él.
Si logramos ver el trabajo como aquello que está por venir; como una bendición, como una parte natural del hombre, podemos conservar con mayor facilidad la salud y hasta la juventud. Es un derecho, pero también un deber. La Iglesia lo cataloga como un camino a la santificación.
Así mismo señala el Catecismo católico: “en el trabajo, la persona ejerce y aplica una parte de las capacidades inscritas en su naturaleza. El valor primordial del trabajo pertenece al hombre mismo, que es su autor y su destinatario. El trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo (cf LE 6). Cada cual debe poder sacar del trabajo los medios para sustentar su vida y la de los suyos, y para prestar servicio a la comunidad humana”.
La única forma de salir de la miseria es trabajando. También es la única forma de trascender. Desafortunadamente hemos visto sobre la enorme cantidad de personas que optaron por dedicarse a actividades ilícitas con tal de no trabajar; aunque debo agregar que muchos de ellos consideran el robo, el asalto o la extorsión, como su ‘trabajo’. Pero con estas personas, el país no progresará, y su esperanza de vida no será mas que de unos cuantos años.
En todo lo que hacemos una parte nuestra queda ahí. “Por eso el valor del trabajo humano no se mide por el tipo de actividad de cada uno (carpintero, profesional, campesino…), sino por el hecho de ser persona quien lo ejecuta”.
