Por
Mario Góngora H.
Aunque normalmente el ser humano no lo percibe así, se gana más en los malos tiempos que en los buenos. Cuando existe abundancia económica, el beneficio va a nuestros bolsillos, mientras que cuando los tiempos son adversos, los beneficios van al espíritu. Casi nunca la prosperidad económica y la espiritual van de la mano.
Estar relativamente tranquilos cuando se tiene dinero no es muy meritorio, pero estarlo cuando no tenemos ni un cinco, se llama sabiduría. Entre menos deseamos, más felicidad obtenemos.
Es cierto, el terrorismo del hampa está presente, los tiempos son malos, el dinero escaso, la vida cara. ¿Y qué hacer?….trabajar más. No renunciaremos ver el cielo por unas cuantas nubes pasajeras.
La esperanza nunca muere, aunque los fracasos, la duda o el miedo nos abrumen. La esperanza puede estar adormecida y solo tenemos que despertarla. Y así, el que más fracasos ha tenido, el que más ha sufrido y ha sobresalido, es el más digno de respeto. Ha luchado y ha vencido. Ha obtenido la ventaja de los malos tiempos.
El individuo que ha pasado una buena parte de su vida en sufrimiento, en realidad ha aprendido las valiosas lecciones de la paciencia, el amor, el valor, la fe, la determinación y la constancia.
Cuando reconocemos que nuestro esfuerzo ha sido auténtico, hemos aprendido gracias al fracaso. Hemos encontrado que una o varias derrotas no son importantes, pues tan seguro como que el día sigue a la noche, o que después de la tormenta viene la tranquilidad, así la esperanza eventualmente nos llevará al éxito.
En la vida, todos tenemos malas y buenas experiencias. La ventaja de las malas, es el aprendizaje que derivamos. Las lecciones que aprendemos de nuestros propios errores, son mucho mejores que lo que nos enseñan en las universidades.
Es prudente dejar de quejarnos de todo y poner en acción nuestros planes, nuestros pensamientos, pues se quedarán solo en sueños si no los ponemos en efecto. No solo pensemos en cómo nos gustaría que fuera el próximo año, sino en qué acciones tomaremos para lograrlo.
Una de las ventajas adquiridas en los malos tiempos, es que hemos aprendido que la incertidumbre siempre es nuestra compañera de viaje. Sin embargo, tanto en los buenos como en los malos, un hombre de bien sólo tiene una opción: seguir adelante.
Ni las cosas buenas ni las malas son eternas. Si en estos momentos nos encontramos en la obscuridad, sabemos que pronto, todo tendrá que ser mejor. Es la ley natural.
