LOS PROBLEMAS

Por
Mario Góngora H.

En nuestro paso por el mundo todos tenemos problemas y se dividen en dos tipos: los que podemos resolver y los que no.

Algunos problemas parecen estar fuera de nuestro alcance para darles solución, pero de alguna forma sabemos que sí lo lograremos. Por los que no podemos resolver, no vale la pena mortificarnos ni sufrir, puesto que está fuera de nuestro control el poder evitarlos.

En el mundo abundan historias de los que han logrado sobreponerse a grandes problemas. El secreto está en no esperar tenerlo todo para actuar y trabajar. Debemos luchar con las armas que tenemos a la mano. Así lo hizo David contra Goliat y venció.
Lo que cuenta es no darse por vencido ante todo lo negativo que nos acontece, sino con empeño avanzar a pesar de todo. Lo más triste es tropezar y no levantarnos. Lo importante es saber que si caímos, hicimos todo lo posible por lograr un correcto desempeño.
Casi todos los humanos hemos pensado en cosas similares para emprender, solamente que apenas unos pocos se atrevieron a hacer con dedicación lo que les dio en triunfo o la fortuna, cosas que nosotros rechazamos por nuestra timidez o cobardía.
Que alguien reconozca nuestros méritos requiere de paciencia, esperanza y fe. A muchos, sus méritos les son reconocidos hasta después de la muerte. Es un hecho de la vida que la indiferencia, incredulidad e injusticias que en ocasiones encontramos, muchos otros las han encontrado también. Pero el fracaso ocasional y temporal son parte del precio que pagamos por llegar a ser alguien.

En la actual crisis “de todo”: moral, económica, de seguridad, de valores, de principios, etc., todos debemos caer en cuenta que cada nuevo día es una nueva oportunidad. Por tanto, cada día podemos intentar hacer algo bueno, algo mejor. Nuestro éxito será proporcional al reconocimiento de nuestros propios fracasos.

Uno de los mayores problemas en nuestra sociedad es que para ella, es más importante el dinero que cualquier otra cosa. La sociedad nos lo perdonará todo, menos que no tengamos dinero. Sin embargo, todavía hay quienes reconocen al hombre que se atreve a luchar limpiamente, como persona honesta, honrada y trabajadora. Lo único que se requiere es voluntad propia y una conciencia de trascendencia para futuras generaciones. Aún en este caso de hacer lo que debemos hacer, es peor decir “no quiero”, que decir “no puedo”.

Dios nos ha creado con lo necesario para enfrentarnos a nuestras responsabilidades como personas y como sociedad. Guardemos este pensamiento como algo muy propio y cumplamos con nuestras obligaciones y responsabilidades actuando con seriedad y rigor para lograr nuestra misión como hombres.

Aprendamos a sacar provecho de todo problema y de todo mal.