PROMESAS Y COMPROMISOS

Por Mario Góngora Hernández
Las promesas y compromisos de algunos candidatos son tan vanos como las del artemarcialista que nunca ha medido sus fuerzas y habilidades con las del peleador callejero y mientras, presume que lo sabe todo respecto al combate. Lo mismo que nadie puede hablar de fuerza mientras nunca se haya enfrentado a la debilidad y haya luchado contra ella.

Existen voluntades y promesas que solo lo son de nombre, mientras que lo que se necesita es que nuestros candidatos pongan su energía y su voluntad en acción. A los ciudadanos nos gustaría que vieran sus promesas como una escalera que hay que subir paso a paso, y que si en seis meses no han escalado (cumplido) al menos seis de sus promesas, podamos los ciudadanos darlos de baja, correrlos, para instalar a alguien más capaz. Y uno de esos escalones es ponerle un freno a la delincuencia, a la violencia, y aquí sabremos quién es hombre de verdad. Y mientras tanto los ciudadanos, dados los antecedentes de la política y de los políticos, solo debemos tener fe en la eficacia del idealismo y del esfuerzo tanto personal como del conjunto de todos nosotros.

Ahora todos debemos caer en cuenta que la virtud está esta lucha que debemos librar solos, pues sabemos que no contamos con ninguna autoridad para protegernos, y que si nos protegemos serán las mismas autoridades las que nos ataquen y persigan. Debemos aprender a navegar con cualquier viento.

El camino hacia la verdadera paz y prosperidad es largo y accidentado, eso todos lo sabemos, pero tenemos el testimonio de nuestra historia, e inclusive el de otras naciones que ya han hecho este mismo recorrido. Si lo caminamos lento, nunca le daremos fin.
No seamos como los navegantes de antaño que temían alejarse de las costas porque pensaban que el mundo era cuadrado y que si llegaban a la orilla, caerían de cabeza. Los que se aventuran más allá de donde piensan que está la línea de seguridad, más allá de donde otros no se atreven, son los que realizarán los que todos los políticos juntos nunca podrán lograr. No existen límites para nuestras aspiraciones si estamos dispuestos a jugar el todo por el todo, a arriesgar no solo nuestro pasado, sino también nuestro presente, nuestro futuro y hasta nuestro porvenir, cuando corregir el rumbo lo amerite.

Nuestro país necesita hombres y políticos que amen el trabajo, que tengan dignidad, que gobiernen sin despotismo y que desprecien la mentira, el engaño, el fraude y la corrupción. Tenemos todos que caer en cuenta que el país no necesita tanto de su petróleo, ni de sus tierras ahora improductivas, sino del alma de sus hijos. Las cosas estando como están; las desigualdades, la violencia y el egoísmo cunden por todos lados, y esto no conduce a la felicidad de nadie, ni de pobres ni de ricos, ni de justos ni de pecadores.

El candidato que gane deberá tener en cuenta que su primer tarea es garantizar que todo hombre honrado deba tener una existencia garantizada de paz, libre para trabajar para su familia, para sí, para el país, y nunca para el delincuente que ha hecho del robo y el asesinato su modus vivendi.