Por Mario Góngora H.
Una característica muy humana es experimentar retos o sufrir, inclusive, derrumbes emocionales. Nos podemos sentir enojados, confusos, traicionados, desilusionados y víctimas de las circunstancias.
Dichas situaciones pueden ser sin embargo, más que un castigo, un regalo. Pueden enseñarnos grandes lecciones, o hasta sanarnos, ayudándonos a reconocer algo de nosotros mismos que necesita de algún cambio, llevándonos a experimentar los niveles de felicidad, amor y éxito que deseamos.
Las circunstancias en la vida nos muestran las creencias limitativas que tenemos, cuáles son nuestras actitudes, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y por ende, nuestros comportamientos que no funcionan en nuestra vida. Nos indican cómo necesitamos enfocar nuestro amor hacia los demás y hacia a nosotros mismos.
Estos retos pueden ser una prueba o un camino para “dejar ir” las malas experiencias, para perdonar y profundizar nuestra conexión con el mundo espiritual. Motivan nuestra fuerza interna, nuestros talentos, nuestro poder y nuestra determinación. A través de estas experiencias, en apariencia negativas, pasamos por una metamorfosis para convertirnos en algo más de quienes somos en el presente.
Durante estas etapas, es prudente protegernos de nuestro ego, el cual acumulará juicios y auto agresiones los cuales nos llevarán a caer en trampas como la culpa, la venganza, la auto compasión, el creernos mejores que los demás, menos que los demás, etc., etc.
Si caemos en manos de nuestro ego, entregamos nuestra fuerza a influencias externas, en lugar de buscar el amor y la verdad dentro de nosotros mismos. Y es durante estos tiempos que nuestra conexión con lo Divino y con los talentos de nuestra intuición son invaluables. Desafortunadamente, es durante estos momentos obscuros y turbulentos, que quedamos aislados de lo positivo que es lo que puede transformar nuestra vida.
Aún así, si supiéramos lo que sería de nuestra vida, sería algo negativo más que positivo. Nuestra existencia tendría poco sentido, pues la vida no está predeterminada. Generamos nuestra realidad en cada momento, creando al mismo tiempo nuestro destino. Los retos y las crisis son necesarias para experimentar un crecimiento a través de su impacto en nuestra vida.
La verdad, si confiamos en la espiritualidad, es que nunca estamos solos, y siempre estará disponible la ayuda, el amor y una guía para la sanación.
Las circunstancias que parecen negativas pueden ser regalos y catalizadores para extraordinarios cambios que nos acercan a la verdad de quiénes somos en realidad, pues la mera existencia de los retos y las crisis, estimulan nuestro progreso espiritual y mental para pasar a formar parte de una evolución, y así cambiar para ser mejores.
