Por Mario Góngora H.
Si queremos realmente ver un cambio en la sociedad, es muy importante que la educación en las escuelas y en los hogares les otorgue a los niños y jóvenes, además de libros, cuadernos y textos, y de materias como matemáticas, gramática y geografía, principios que los lleven a la responsabilidad, a la honestidad, al gusto por el trabajo, hacia la lealtad y hacia el orden.
Para que lo anterior se pueda dar, necesitamos que los maestros tengan la autoridad moral para no dejarse ser corrompidos por la política, ni por sus sindicatos, ni como sucede en algunos casos, por venderles drogas a sus alumnos. Pero esto es solo parte del compromiso; necesitamos que los padres de familia pasen a ser un ejemplo positivo para sus hijos. Que aquellos que alardean en el seno familiar de todas sus pifias, dejen de hacerlo y estén orgullosos de ser verdaderos líderes familiares.
La educación tiene por objeto hacer pensar al hombre y hacerse de hábitos que lo ayuden a progresar y a contribuir para su comunidad. ¿Qué patria tendríamos si cada uno de sus hijos fuera de buenos principios, amantes de su trabajo, con ambiciones razonables y suficiente capacidad? Nuestra patria vale lo mismo que valemos cada uno de nosotros.
Cuando una persona no puede o ya no quiere aprender, ha llegado su fin. Y lo mismo sucede con las naciones cuyos habitantes han decidido cambiar el conocimiento por las actividades ilícitas que corrompen y acaban con la sociedad. Y luego están los que quieren imponer en la sociedad teorías sociales que en ningún lado han funcionado, los que enardecen a las masas quejándose y poniéndolos en contra de los que han llegado a tener algo en base a su trabajo.
La educación obligatoriamente debe considerar que saber es poder y que los conocimientos más importantes son los que nos formen un buen carácter, los que nos capaciten para ganarnos honestamente la vida, los que nos conduzcan a la salud y sobre todo los que nos enseñen a vivir en paz con nuestros semejantes. ¿Quién piensa que sin carácter, sin dinero, enfermos y siempre en pleito con los que más tienen podríamos progresar?
La educación no puede solamente contemplar que los estudiantes progresen en lo material. Por fuerza debe considerar la iniciativa y el progreso moral, y eso es lo que más nos falta en la actualidad tanto en la educación particular, así como en la pública.
Si vamos a la escuela de nada nos sirve saber mucho si no lo ponemos en práctica. En alguna ocasión, alguien mencionó que “la clase que no piensa es numerosa, pues comprende a los que no saben y no pueden pensar, y a los que saben pero que no quieren pensar…más que ignorantes, somos irresponsables, inconsiderados, fanfarrones, apáticos e intemperantes…” Indiscutiblemente que necesitamos una nueva visión y una nueva acción frente al reto de la educación en nuestro país. Y mientras los padres piensen que toda la tarea es de los maestros, y mientras que los maestros piensen que adular al político en turno y su sindicato les sirva para tener varios sueldos, el país seguirá caminando hacia el abismo social.
