Por
Mario Góngora H.
No cabe duda que las creencias que tenemos de nosotros mismos y del mundo, juegan un importante papel en nuestro destino. Creer en algo es tener fe en aquello. Fe es definida como creencia, opinión, asentimiento, credo, suposición, presunción, certidumbre, doctrina, convicción, ideales, religión, dogma, o convencimiento.
Los cobardes y montoneros no la piensan en atacar cuando están seguros de ganar. Se necesita mucha fe en nosotros mismos y mucho valor para luchar cuando todo nos dice que llevamos las de perder.
En el campo de batalla en el que nos encontramos hoy en día, nos vemos forzados a hacer uso de todo nuestro valor y habilidad para mantenernos estables emocionalmente. Por algún tiempo ya, hemos escuchado que no podemos luchar contra el mal que nos tiene en un estado de indefensión. Nadie sabemos de lo que somos capaces si no lo intentamos. Los héroes de la historia de todos los países no nacieron así, llegaron a serlo por sus hechos.
La falta de creencias, de fe, nos ciega y nos priva de aquello que puede llevarnos a realizar un mayor y mejor esfuerzo y por eso dejamos de intentar lo que nos puede llevar al éxito o al logro de nuestros objetivos. Y el que nada intenta es un fracasado. En muchas ocasiones, así fuimos programados por nuestros padres, a temerle a todo, pero ese es el reto: vencer los miedos y los obstáculos a pesar de todo.
Si contamos con creencias sólidas, con suficiente fe, podemos conseguir lo que en el presente es inimaginable, siempre y cuando no esperemos a que las cosas “sean atraídas” al solo pensarlas o desearlas. Tenemos que involucrarnos en mente y cuerpo para lograr las cosas. La fortuna desprecia al hombre que nada intenta.
Si actuamos ‘como si’ tuviéramos confianza en nosotros mismos, pronto acabaremos por creer y tener fe en ella. Y si mostramos en nuestras acciones que tenemos confianza en nosotros mismos, no solo los demás creerán en nuestra fuerza, sino nosotros acabamos por creer en ella también.
No existe mérito alguno en haber nacido en una humilde choza y seguir el resto de nuestra vida viviendo ahí. El mérito está en luchar por salir de ella. Es bueno rezar u orar para intentar conseguir algo. El siguiente paso es luchar física e inteligentemente para conseguir aquello por lo que oramos.
A pesar de lo que sucede en nuestra sociedad y de que todo parece no tener remedio a corto plazo, nuestro deber como seres humanos concientes, es ser razonablemente prudentes y capaces de seguir adelante a pesar de obstáculos y peligros, seguros y llenos de fe de que todo cambia y se mueve en ciclos. Si bien nos encontramos en el ciclo del mal, es irremediable e inevitable que dentro de algún tiempo pasemos a convivir dentro del ciclo del bien.
