HACER EL BIEN

Por
Mario Góngora H.
“No basta que no hagas mal, es preciso que hagas bien” Augusto Ferrán

Nuestro país está en gran necesidad de que alguien inicie un nuevo día simplemente dedicado a “hacer el bien”, y solo hay dos cosas para redimir la patria: el amor y el trabajo.

Hacer algo bueno por alguien es la mejor fórmula para plantar, cultivar y cosechar un mejor país, y hacer el bien no siempre significa hacer donativos económicos a diferentes causas. Se trata de hacer el bien a una o varias personas específicamente, de paso, cosechando también la felicidad. Simples palabras de aliento pueden proporcionar una nueva esperanza a las personas. Una sonrisa, un saludo pueden difundir una nueva fe.

Si de pronto encontramos a alguien en problemas, podemos dirigirnos a él y darle consuelo y aliento.

La bondad resultante de una apreciación adecuada del alma humana, se traduce en amor y tolerancia para los demás, ya sean ricos o pobres; se expresa con sinceridad y humildad y no busca recompensa, ni económica ni moral, pero sí es muestra de una cultura madura y avanzada así como de una espiritualidad desarrollada por parte de quien la otorga.

Es extraño decirlo, pero generalmente amamos más a los que favorecemos que aquellos que nos favorecen. La mejor sensación es recordar eventos de nuestra vida que nos han dado una gran satisfacción y normalmente nos referimos a algo que hicimos por otros sin esperar retribución alguna.

Cuando una persona hace el bien, pronto descubre que el premio es más grande que gobernar un país, e infinitamente mejor que el dinero. Además que la bondad es como el sol brillante, y a donde quiera que va encontrará caras felices y corazones amables.

La bondad es como un juego de fut, donde todo mundo quiere el balón, pero alguien tiene que iniciar el juego.

No es fácil estar felices y contentos cada segundo del día, pero cada uno de nosotros llevamos una sonrisa que puede aflorar al escuchar la primera palabra amable.

El buen humor y el entusiasmo derivados de hacer el bien, son elementos necesarios para cambiar el país y están en las manos y en las mentes de cada uno de nosotros. Pero cada uno de nosotros lo tiene que intentar.

El deber de hacer el bien, es algo positivo para el individuo, para la familia y para la comunidad. Si todos tuviéramos como meta esa opción de buscar el bien, se obtendría en retorno el respeto a los derechos de todos: las mujeres, los niños, las personas mayores, los minusválidos, etc. Este puede ser el camino para conseguir una sociedad más humana, la cual en la actualidad ha llegado a uno de sus escalones más bajos en la historia contemporánea.