Por
Mario Góngora H.
A últimas fechas hemos escuchado y leído te todos los que se han rasgado las vestiduras por la “intervención extranjera” en nuestro territorio, cuya información aportada, por fin está poniendo al alcance de la justicia mexicana a los delincuentes más importantes. La respuesta a los defensores de los criminales es sencilla: “Contra la ingerencia extranjera, la virtud doméstica” ¿Y dónde esconden tales nacionalistas tal virtud? ¿Por qué motivos quieren mantener en la impunidad a la delincuencia?
De lo que nuestra nación puede tener más que todos los demás países juntos, es un gran porvenir. Solo tenemos que darnos cuenta que no son las oportunidades que tengamos las que harán de esta una gran patria, sino que somos nosotros los que tenemos que desarrollar tales oportunidades. No se trata de que todos pensemos igual, sino que sintamos la misma ansia de una patria con trabajo honrado, una patria justa para todos y no solo para la delincuencia o los políticos.
La ciudadanía no puede confiar más en la pasividad; que lo que hagamos no sea únicamente para llenar las necesidades inmediatas, sino para que la posteridad tenga algo para recordarnos, algo que admirar y algo que agradecernos. Ningún gobierno puede convertir al hombre en honrado, trabajador y capaz. Estas son tareas individuales. El gobierno tampoco puede trabajar para mantenernos a todos, argumento utilizado por las izquierdas para mover las masas más humildes. La iniciativa individual jamás debe ser restringida por ningún gobierno, pues es absolutamente necesaria para la vida material y espiritual del hombre.
No echemos la culpa a los extranjeros de nuestras dificultades económicas, políticas y sociales. Los que se dicen nacionalistas se la pasan quejándose de la ingerencia extranjera y del “imperio” y deben darse cuenta que la peor de nuestras faltas es no darnos cuenta que las tenemos. Mientras sigamos pensando que la causa de nuestra pobreza, de nuestra desgracia, y de nuestras muertes reside fuera de nosotros mismos, nuestros males nunca tendrán remedio.
Los que se autonombran nacionalistas, deben saber que el engrandecimiento de la patria no se debe ver solo del lado material, ni de si alguien habló un idioma extranjero a un lado de nosotros. Estos se han olvidado de que la vida nos ha colmado de lecciones acerca de la integridad no solo material sino espiritual. De que la incompetencia, la insinceridad y sobre todo la complicidad con la delincuencia, lejos de acercarnos a la riqueza y al éxito, significan peligro, ruina, fracaso y en última instancia, la muerte.
El verdadero fundamento de un nacionalismo verdadero descansa en el carácter individual, y éste es la única garantía de la seguridad social y del progreso universal. Por individualismo debe entenderse el derecho de hacerse uno mismo una mejor persona y como consecuencia, más útil a la comunidad, y a la patria.
