Por
Mario Góngora H.
Estos son tiempos en que sabemos el precio de todo lo que queremos y deseamos, y que realmente no necesitamos. Sin embargo, no conocemos el valor de nada, ni mucho menos el precio de la avaricia.
Sin embargo, pienso que estos son precisamente los tiempos en que debemos sentarnos a razonar que lo que realmente cuenta no es quien tiene más cosas sino el que es más feliz con lo que tiene.
Razonado lo anterior, el efecto que tiene un hogar con necesidades pero tranquilo en un joven, es mejor que otro lujoso y emponzoñado con la codicia y la avaricia. Y es que el estado económico de una familia tiene mucho que ver con la personalidad, pues un hogar modesto establece un equilibrio psicológico y produce además una sensación de seguridad y auto suficiencia. Mientras no se caiga en la miseria, esta opción es absolutamente mejor que verse envuelto en la obtención y la esclavitud del dinero fácil, que lo único que realmente obtiene es la muerte y destrucción no únicamente de la familia, sino de la sociedad.
Quizá podamos guardar una fortuna en la caja fuerte, en propiedades e inversiones, pero el verdadero tesoro es el que guardamos dentro de nosotros mismos.
Es cierto que el dinero puede significar varias cosas, pero depende del uso que le demos. Para unos significa tener qué comer, para otros libertad y diversión, y para otros más, simple confort o una salud temporal. Pero actualmente, para muchos más de los que nos imaginamos, significa vicios y degradación; pero también, poder e impunidad.
Para que un hombre pueda aprender que la satisfacción no depende de lo que poseemos, tiene que haber conocido al menos por un tiempo la pobreza, la necesidad.
Algo que es distintivo en muchos gobernantes, inclusive los locales, es que no han podido discernir la diferencia entre el dinero y el poder, y esto es no entender ni lo que es el dinero ni el poder. Es imposible ser un gobernante y ser recordado positivamente cuando se tiene demasiado interés en hacer una gran fortuna. Quizá, demasiado tarde, se darán cuenta que el dinero es poder, solamente cuando va asociado al valer.
Es obvio que el dinero no ha impedido que algunos se hayan convertido en políticos prominentes, pero les será difícil mantener ese estatus ante la ciudadanía, quien es sabia en detectar quien los roba y quien no.
Estos son tiempos para reconocer que esta gran aventura de la vida es mucho más que acumular riquezas y poder material. Las cosas superfluas no son requisito indispensable para la vida. Y quizá algo que todos debemos recordar es que a veces lo que nos falta nos hace más bien que lo que ya tenemos. La riqueza solo es riqueza cuando utilizamos el dinero debidamente.
