OBRAS Y EDUCACIÓN

Por Mario Góngora H.
El mundo actual debe ser ahora un mundo de hechos, no de teorías ni adivinanzas. Un mundo al que no le importe qué tanto nos prometen políticos y gobernantes, sino qué cosas realmente conocen y qué son capaces de hacer con cordura, pragmatismo y objetividad. Lo que cuenta es que funcionarios públicos y políticos puedan aplicar sus conocimientos en base a una experiencia real en la vida práctica, que convierta sus acciones y obras en trabajo efectivo, de utilidad y sobre todo, que cubra las verdaderas necesidades.

Para los funcionarios públicos que crean que su educación terminó al salir de la escuela, será por demás seguir hablando de cómo gobernar y en qué obras enfocar sus esfuerzos. Pero a nivel funcionario público, aunque podrá haber muchos, no vemos hombres completamente educados a alto nivel; y si bien, es normal que un ser humano sobresalga en algo, y sea deficiente en otras cosas, sentimos que los actuales no sobresalen en nada. Esto lo vemos a nivel local, y si nos asomamos para ver a los candidatos presidenciales, solo se observan negros nubarrones.

Por muy altos coeficientes intelectuales que posean, el tener una mentalidad elevada y ninguna conciencia, es no tener educación aunque tengan sus oficinas tapizadas con diplomas y reconocimientos con leyendas de adulación.

Los actuales funcionarios locales no saben que la verdadera educación es la que ayuda a desarrollar vidas y que aquella que no agrega a la felicidad de los habitantes que los tocó gobernar, es un fracaso.

El medio más seguro de mejorar nuestra educación es encontrar nuestra vocación, pero los políticos en lugar de que su vocación sea para el bienestar de sus gobernados, es para el bienestar de sí mismos. Lo vemos hasta en las rebatingas de los que quieren ser premiados con puestos plurinominales. Esto es una verdadera vergüenza.

La mayor parte de nuestros fracasados funcionarios públicos deben reconocer que están fuera de su sitio, de su lugar. Sus decisiones así nos lo confirman. Obras sin ton ni son, pero eso sí, muy caras y que se harán cueste lo que cueste, y a pesar de no contar con la aprobación de los más afectados. Y mientras, la región del la Tarahumara muere de hambre. ¿Dónde está la congruencia? ¿No saben discernir que lo más importante es el ser humano?

Nuestros funcionarios y gobernantes debieran ver la situación actual como los desiertos que han esperado por siglos y siglos la inspiración del agua y del cultivo; en el mapa de los ciudadanos de Chihuahuas encontramos también desiertos cansados y sedientos, que pudieran ser jardines con solo que pusieran un poco de trabajo realista, y su voluntad para hacer lo que se debe hacer, con quien se debe hacer, y para qué se debe hacer.

Su educación debe considerar que es mejor construir que destruir; que los haga tener un corazón lleno de alegría y entusiasmo por el privilegio de ayudar a los ciudadanos, no que con un carácter despótico e impositivo hagan lo que se les antoje en perjuicio de la mayoría.