Por
Mario Góngora H.
Con seguridad podemos afirmar que la vida se pinta del color de lo que decidimos pensar. Pueden ser colores claros y brillantes u obscuros, tristes y deprimentes. Somos nosotros los que la llenamos de entusiasmo, gozo, placer y felicidad, o de tristeza y de dolor. Y como cada quien toma una decisión muy personal respecto a los pensamientos que escoge, debe estar dispuesto a pagar su precio. Lo que hace feliz a uno puede hacer desdichado a otro. Cada quien cosecha lo que sembró, aunque con frecuencia muchos tratan de culpar a los demás de todos y cada uno de sus fracasos y sufrimientos. Normalmente recibimos lo que damos.
Vivir poniendo todo de nuestra parte para ser mejores, aunque no siempre lo logremos, es mucho mejor que optar por la vida (¿muerte?) fácil. Así como el nadador se moja al meterse al agua, así la vida nos rodea con frecuencia de algunos sufrimientos y calamidades, como perder un ser querido o ser víctimas de las injusticias..
Si decidimos contar todas las bendiciones que tenemos, es aceptar la vida tal cual es. No todo es negativo y doloroso, pues en realidad la vida es un privilegio que podemos vivir como si siempre fuera primavera. Soñar despiertos, inclusive, es algo maravilloso, pues lo soñado lo convertimos en realidad en nuestra mente aunque sea por unos segundos o aún por unos minutos.
Aún estos tiempos de inseguridad y zozobra deben ser tomados como positivos, no por las muertes y la degradación de algunos seres humanos, sino por sus posibilidades, por su energía y como el inicio del camino al cambio. Tenía que darse algo así como lo que estamos viviendo, una limpia, para retomar el camino del orden, del trabajo y de la productividad. Esto es porque el miedo a la vida pertenece solo a los desesperanzados. Debemos amar la intensidad de la vida con todas sus consecuencias. No se trata de hacer la vida más fácil, sino de darle más fortaleza al hombre, a la sociedad. Los buenos hábitos mentales los normamos a partir de hacer que nos guste la vida y todo lo bueno que en ella existe.
Cada hora que vivimos es una promesa para lo que está por venir y cada acción positiva un éxito. La fe la debemos mostrar con acciones y no con palabras.
Para darle un mejor color a la vida debemos evitar el querer lograrlo todo a través de las leyes, pues éstas les permiten a unos libertinaje y a otros los llenan de limitaciones e injusticias. La solución está en la labor individual
De nuestro espíritu depende nuestro futuro, por lo que el fundamento del éxito y la libertad descansa en el carácter individual, el cual es la única garantía de seguridad social y de progreso. Todo lo que impida u obstruya el individualismo es despotismo, entendido como el derecho a hacernos a nosotros mismos mejores personas con el consiguiente beneficio para la comunidad. Solo podemos ser mejores a través de ver esta época y este momento en la historia, con todos los mejores colores posibles.
