EL VALOR DEL DINERO

Por
Mario Góngora H.
Es indiscutible que el dinero es importante, muy importante para la adquisición de diferentes satisfactores. Sin embargo, no existe error más grande que pensar que el dinero suple el amor, la salud, la tranquilidad y todo aquello que no tiene precio, aquello que ni se compra ni se vende.
Ya se había mencionado en otra contribución, que los extremos de pobreza y de riqueza son igualmente negativos.
Contando con cierto nivel de inteligencia, las habilidades cuentan menos de lo que se piensa para hacer dinero. Lo que realmente cuenta es amar el dinero por sobre todas las cosas. Nuestra sociedad es lo que actualmente nos está reflejando. ¿O cuál es el motivo por lo que una persona se involucra en el tráfico de drogas, de mujeres, de órganos, de autos robados, de ilegales o de niños? ¿Cuál es el motivo por el que políticos inservibles quieren ser diputados o gobernadores? ¿El amor a su pueblo?
Si todos hiciéramos un inventario de nuestras posesiones, descubriríamos que tenemos más de lo que necesitamos. Por cada adquisición lujosa necesitamos muchas más para cubrir las apariencias.
El hombre nunca está satisfecho con lo que tiene, sea rico o sea pobre. Sin embargo, tener demás de cualquiera de estos estados, generalmente funciona negativamente. Creso, último rey de Lidia (560-546 A.C) de la dinastía Mermnada, cuyo reinado estuvo marcado por los placeres, la guerra y las artes, nunca fue más feliz que después de la pérdida de sus tesoros. Llegó a la conclusión que la única época feliz de la vida es cuando solo vamos viviendo y gozamos de las cosas conforme van llegando. Recordemos que todo es pasajero.
El ser humano tiene suficientes razones para apartarse de la miseria en una forma honrada, pero no para ser un codicioso, un avaro o un explotador.
El hombre más rico es el que tiene gustos más sencillos. Es notoria la forma como algunos de los “nuevos ricos” decoran sus mansiones o adornan sus autos de lujo
Es perfectamente lícito ganar dinero, pero no perdamos ni el sueño ni el apetito por acumular cada vez más. Y si no debemos nada a nadie, viviremos mejor que cualquier millonario.
Hagámosle como dijo un viejo escritor: “Deberíamos manejar nuestra fortuna igual que nuestra salud: gozarla prudentemente cuando es buena; tener paciencia cuando es mala, y no aplicarle remedios violentos, sino en casos de extrema necesidad.”

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *