IGUALES PERO DESIGUALES

Por
Mario Góngora H.
Ante Dios todos somos iguales en nuestras almas, requiriéndose hacer uso de nuestros talentos y habilidades según fuimos dotados. Ante la ley (se supone) todos somos iguales aunque sin lugar a dudas que unos siempre son más iguales que otros. Las víctimas del delito siempre son más desiguales que el hampa. Bernard Shaw (1856-1950) famoso escritor irlandés y premio Nobel de literatura en 1925, visitando la Rusia comunista, fue invitado a una carrera de caballos. “Sería interesante verla”, comentó, “porque creyendo como creeís en la igualdad, supongo que os arreglareís de modo que todos los caballos ganen la carrera al mismo tiempo.”
Somos iguales en el sentido de que somos humanos, estructurados físicamente de la misma forma y con ciertos derechos inalienables. Tanto derecho tiene a la vida la persona que no ha nacido todavía, así como el discapacitado física o mentalmente. Todos, invariablemente, tienen derecho a vivir, a la educación, a salud, a un trato justo y amable. A no ser explotados ni por el capital ni por el “socialismo del siglo XXI”
Las desigualdades económicas entre los hombres se deben primordialmente a desigualdades en educación, mentalidad o actitudes; voluntad en el desempeño diario, previsión o salud. Algunas desigualdades se deben también a la explotación de unos sobre otros. Otras más, a un golpe de suerte o una herencia.
En los negocios existen desigualdades en cuanto a las personas relacionadas con la incentiva, la dedicación, la individualidad, el entusiasmo y la acción.
Muchos luchan contra el individualismo, sobre todos los partidos de izquierda y hasta algunos clérigos (como Leonardo Boff). Sin embargo, el progreso de cualquier nación sigue dependiendo de los recursos y de la iniciativa de individuos. Siempre encontraremos a personas más capaces que nosotros, más inteligentes, más bondadosas. Personas con habilidades superiores.
El socialismo y la “igualdad de clases” existen gracias a los flojos. Abundan los que quieren vivir de los que trabajan. Si alguien se queja de la desigualdad del “capitalismo” deben considerar que todo aquello que reduce la esperanza del “premio”, reduce el entusiasmo por el esfuerzo, así como la voluntad de correr riesgos y sufrir privaciones. Y si alguien lucha porque se termine el incentivo del trabajo y la empresa, tendrá que sustituirlo con algo muy especial o caeremos en la esclavitud, como cayeron los países del antiguo bloque comunista, incluyendo Cuba y por terminar de caer Venezuela.
El mundo no es un gran restaurante público en que se puede ordenar en aras de la igualdad lo que a uno se le antoje, sin que nada le cueste.