VENCER O MORIR

Por Mario Góngora H.

En todo lo que queremos hacer y pensamos que no podemos lograr, la regla es que debemos pensar en “vencer o morir”. El que se propone esto, generalmente vive y vence.
Todos podemos comprobar que pocas veces podemos fracasar, si no lo consentimos cobardemente.

Sobreponernos a la adversidad depende de cada uno, no de nadie más. La dificultad en ocasiones está en convencer al mundo de que luchamos con el propósito de vencer. Una vez que el universo comprende esto, nos tiende la mano para lograr prácticamente cualquier cosa.

El fracaso no es raro. Todos fracasamos no una vez, sino muchas. La vida parece flotar en un mar de fracasos, pero el mérito está en saber sacar partido y aprender de cada error, de cada tropiezo. Cada fracaso deberá ser dirigido hacia donde nos proponemos llegar.

Fracasar y no desanimarnos es poner a prueba nuestro carácter. Y si llegamos a perderlo todo, lo único que debemos conservar es la fe; primero en Dios, para los creyentes, y luego en nosotros mismos, en nuestro proyecto y en los demás.

Quejarnos y huir de los problemas es muy fácil. Cualquiera lo puede hacer, pero es también una desgracia. Luchar a vencer aunque exista poca posibilidad y esperanza de ganar, significa ser realmente hombres, o mujeres, según el caso. En realidad, toda batalla que pensamos que no podemos ganar, ya está perdida.. Se dice que morir es fácil, lo que cuesta trabajo es vivir.

Quizá pudiéramos afirmar que la mejor de las virtudes es el valor, pues es la que floreció antes que ninguna otra. Existen todavía civilizaciones “salvajes” (Papúa, Nueva Guinea) que no conocen las excelencias morales de nuestra civilización, pero en todas se reverencia el valor.

Una de las mejores cosas que nos puede suceder es la adversidad. Pues siempre después de la noche llega el día y después de la tormenta la calma. Son las adversidades, las dificultades, las que han elevado a la notoriedad a muchas personas que de otro modo hubieran permanecido ignoradas toda la vida.

Visto con claridad, lo único que nos impide avanzar es sólo el conjunto de nuestros temores y de nuestras dudas.

Una persona fuerte espiritualmente seguirá caminando y avanzando cuando la vida sea fácil o difícil. Por cada cosa percibida como negativa, encontraremos noventa y nueve benéficas, siempre y cuando tengamos integridad, sentido común, criterio y energía.

Ya que tomamos las formas de nuestros pensamientos, cada vez que pensamos en la probabilidad de perder, cada vez que tenemos dudas, es el principio del fracaso. Jamás en la vida nos contemos entre los derrotados. A cada nuevo fracaso, hagamos un nuevo intento.