APRENDIZAJE

Por
Mario Góngora H.

El verdadero aprendizaje para hacer el mal es no hacer nada. Y así, siendo “la ociosidad la madre de todos los vicios” esta cultura lleva a cualquier nación a la ruina. Queremos tener mucho no haciendo nada para merecerlo.

Existen dos tipos de estímulos para el ser humano: uno se relaciona con el trabajo y el otro con la flojera, con la indolencia. La primera es una virtud, la segunda un vicio que lleva a la persona o a vivir en la pobreza esperando que todo le sea dado, o dedicándose a delinquir o a tener puestos en la política o en el gobierno.

La única manera honesta de hacer cualquier cosa es sencilla: es ir y hacerla ya. Si nuestras obligaciones nos llevan a hacer trabajos por los que sintamos desagrado o flojera, son por lo que tenemos que empezar, que de cualquier modo lo tendremos que hacer tarde o temprano. Así nos ahorramos la angustia de tenerlos pendientes hasta el último.

El trabajo lejos de matarnos, nos da vida, es como un salvavidas. Lo que nos afecta es la ansiedad mental que originan nuestras dudas y obligaciones no realizadas. Dicha ansiedad es al alma y al cuerpo lo que el óxido son para una máquina.

Normalmente tendemos a conservar un trabajo, a eternizándonos en un empleo mediocre, simplemente matando el tiempo, haciendo lo suficiente para no ser despedidos, convirtiéndonos así en una máquinas humanas. La realidad es que todo trabajo es pesado y aburrido si hace con flojera.

Debe llegar un momento en el que tenemos que dejarnos de quejar de la pobreza, de la mala fortuna, de la mala salud y del mal tiempo. Mejor trabajemos y hablemos con gusto de nuestro trabajo, pero eso si, exigiendo que los que nos gobiernan sean honrados y vean por los ciudadanos.

El estar ocupados nos libra el estar buscando excusas, problemas y una “vida fácil”. La mitad del la victoria se ha ganado cuando hemos adquirido el hábito del trabajo.

Si nos vemos y sentimos con dificultad de valorar y disfrutar lo que hacemos en términos de trabajo; si nos sentimos aprisionados con la vida y con un espíritu opacado debemos comprender dos cosas. Una, que existen cosas que podemos dominar, y otra, las que están fuera de nuestro dominio. Y éstas, las iremos venciendo a medida que vallamos desarrollando nuestra voluntad y nuestra confianza en nosotros mismos..

Nosotros debemos luchar y vencer con las armas que tengamos y no esperar que la suerte nos otorgue armas para empezar la lucha. El aprendizaje de la vida no son los problemas que nos hayan afligido, sino la entereza con las que hayamos combatido.