Por
Mario Góngora H.
Aún en la tribu más salvaje, se reconoce que no se puede tener todo cuanto se deseé a expensas de los demás y acepta algunas reglas sencillas que determinan lo que es de uno y lo que es ajeno. Y esto, de hecho, es el principio de la moralidad que se elabora y evoluciona a medida que la tribu progresa.
Después de que una persona ha invertido una buena parte de su vida trabajando, siendo extorsionado por el gobierno y aún por su propia familia, y que ha logrado ahorrar algo para cuando llegue a viejo, el querer quitarle sus bienes es un crimen.
Casi todos los hombres tienen ambición de ‘hacer fortuna’ , porque piensan que el acumular riquezas es parte del éxito por el que serán juzgados en este mundo. Excepto en casos de herencia o de riquezas mal habidas, un rico siempre debe representar algo aparte del dinero. El que trabajó duro y es inteligente y constante, representa también al ahorro y la capacidad especial que se requiere para manejar un negocio. Y el hombre que verdaderamente sabe lo suficiente para poder apreciar el valor del dinero y de la propiedad privada, sabe bastante también para apreciar el valor del carácter, del auto control, de la honestidad, de la caridad y de ser productivo.
En ocasiones la propiedad podrá estar repartida sin equidad y con frecuencia encontramos que se encuentra en malas manos y que su uso es ilegal e indebido, pero en general, la propiedad representa la energía, la industria, el trabajo, la constancia y la prudencia. Los que no tienen nada es natural que no estén contentos, pero al lograr sus primeros ahorros (trabajando), su forma de ver las cosas cambia radicalmente.
Los mismos métodos de que acusan a los dueños del capital los sindicatos corruptos, son los mismos que aplican éstos el día en que entran en negocios de cualquier clase.
El tiempo convence mejor que la razón. El sistema del capital actual, con todos sus defectos y todos los demás que se quieren atribuir, parece ser lo menos malo hasta la fecha. En realidad la única forma de combatir el capitalismo es formando nuevos capitalistas conscientes de sus obligaciones sociales.
Normalmente se combate “el consumismo”, pero si no consumimos, no se desplazarán los productos, y tanto los que lo venden así como los que lo producen tendrán que despedir trabajadores de sus empresas. La competencia no es otra cosa que la libertad en las relaciones económicas. Es la que nos hace consumir inteligentemente teniendo varias opciones de lo que necesitamos, además de reforzar nuestros deseos por el producto correcto; así como amplía nuestros principios, clarifica nuestra mente y nos hace compradores inteligentes.
Toda sociedad debe tener una estructura económica aunada a una doctrina de moralidad, o sea, de qué modo produce, reparte y consume su riqueza. Y el problema en nuestros país es que la mayoría no busca una patria próspera, sino un país donde vivir gratis, donde lo tuyo es mío y lo mío también.
