Por
Mario Góngora H.
Un hombre sin nada sino dinero, es un pordiosero en la balanza de la civilización. Podemos llegar a la cierta conclusión que el hombre más rico no es el que tiene más dinero, sino el que posee más conocimientos útiles y que los sabe compartir y aprovechar.
El pretender calmar nuestros deseos de posesión, es lo mismo que intentar apagar el fuego poniéndole más leña. En pocas palabras, le falta más al que desea más.
Muchas veces nos ponemos a pensar cómo le han hecho algunos para tener los costosos automóviles, las grandes mansiones y muchas cosas lujosas. Y hasta podemos haber sentido algo de envidia, que aunque mala, es muy humana,
Nunca envidiemos a nadie. Sin embargo, los que han adquirido fortuna y riquezas por medio de engaños, estafas, robos, drogas, despojo, y grandes comisiones en obras para la ciudadanía, el mensaje es el antiguo dicho: “Antes pobreza que vileza”
La riqueza mal adquirida es como si la nieve fuera regada con agua hirviendo.
Las utilidades de muchos empresarios en realidad, se reparten entre todos nosotros, entre la humanidad entera. Son las que edifican la civilización, las que abren el camino del progreso. Y así, la riqueza de algunos individuos parece grande y descomunal porque la vemos concentrada en sus manos, mientras que millones son distribuidos entre millones de personas. De modo que la riqueza del sistema capitalista es una riqueza socializada, ya, hoy en día, y es una pequeña parte la que permanece en manos del empresario. A veces el factor ‘envidia’, nos hace ver las cosas diferentes. Esta visión basada en la envidia, es la que nos hace querer repartir los capitales del rico entre todos, claro, poniendo a los líderes de dichos movimientos en primer lugar quienes son los que pasan a ocupar las residencias de los más ricos ‘explotadores’, así como a manejar sus lujosos autos con chofer y todo.
Simplemente investiguemos qué placeres realmente básicos tiene el millonario que no tengan los pobres. Probablemente no hallaremos ninguno.
Pensemos en los millonarios que gastan fortunas en comprar oro y joyas preciosas. Lo hacen para que los demás las veamos. Se apuran, se esfuerzan para juntar lo suficiente con qué comprar dichas joyas, y pasan grandes trabajos para cuidarlas. A nosotros nos toca el placer de verlas sin que nos hayan costado nada.
¿Somos pobres o ricos?. Para saberlo, debemos primeramente asomarnos a nuestro corazón, mejor que a nuestro estado de cuenta del banco.
¿Qué clase de persona somos?. La respuesta nos dirá el grado de nuestra fortuna.
¿Nos sentimos y vemos pobres? Recordemos que existe mas gente en la cárcel por huir del trabajo que encorvada por trabajar.
