AGENTES TERAPÉUTICOS

Por Mario Góngora H.

Como alguien decía, para que una cura médica tenga éxito, se necesitan un buen médico, una buena enfermedad y un buen enfermo.
No hay que olvidar que el cuerpo enfermo encierra un alma enferma también, y que a ésta, no se llega con rayos X ni con microscopios ni resonancias. Rhazes, médico árabe del siglo IX conoció el valor de de la influencia de la mente y la visualización sobre el cuerpo aún en las enfermedades más graves. De él, es el aforismo que nos dice “Los médicos deben consolar a sus pacientes aunque tengan síntomas de muerte inminente, porque los cuerpos de los hombres dependen de sus ánimos.”

Nuestros pensamientos nos producirán salud o enfermedad, según sea lo que pensemos. Y muchas veces el médico no aprovecha al enfermo, esto es, éste sigue en un invalidismo crónico y lo que le está acabando la vida es su estado moral, la calidad de sus pensamientos, su falta de fe, y su admisión de debilidad e impotencia.

Muchas veces hemos escuchado la sentencia de un médico respecto a que un paciente ya no tiene remedio y que ya nada se puede hacer por él, y hemos visto que el enfermo no quiere morir….y no muere, se salva.

Nuestra vida y nuestro destino dependen de lo que pensamos. El mismo agente que causa la enfermedad puede ser usado para curarla. La sugestión mental, el efecto placebo, está siendo usado para curar o modificar innumerables enfermedades. El cuerpo humano lleva en sí, antídotos suficientes para todo agente patológico que penetre en él.

La mayor parte de las veces todo se debe a alguna situación personal intolerable, algún problema grave de negocios o de familia.
Imbuir el enfermo la seguridad de su curación, es el primer requisito para curarlo. Cuando se ha conseguido una fe implícita, el tratamiento toma cualquier forma concebible. Aunque en algunos tipos de sanación como la Sanación Reconectiva o la Sanación Vibracional, es al contrario, el paciente no debe tener ninguna expectativa, así como el sanador ninguna intención, salvo la de pedir que la sanación llegue a donde más le conviene al paciente: física, espiritual o emocional. El sanador ni siquiera tiene que saber dónde está el mal de la persona…y la sanación llega.
La vida en sí es un cirujano y opera sin anestesia. En la mayoría parte de los casos, lo que el enfermo necesita es un buen tónico para el alma, algo que le haga ver la vida con esperanza.

Lo que tiene enferma a muchas personas, es dudar de su propio valor y capacidad, y el hecho de vivir los desengaños sufridos, los matrimonios fracasados, el tedio, y el cansancio en sí de la vida. Los dolores de origen emocional son con frecuencia más severos que los de origen orgánico. Para todos los males de origen mental, el único remedio es cambiarse uno mismo, cambiando los pensamientos, los hábitos mentales. Para huir de ciertas condiciones en la vida que son insoportables, normalmente buscamos algunos síntomas físicos que los invalidan.
La fe y la esperanza son los mejores agentes terapéuticos en nuestra sanación.