SALUD MENTAL Y MORAL

Por
Mario Góngora H.

Creo que no se puede esconder la necesidad de comprender que hay una salubridad mental y moral la cual es más útil que muchos de los nuevos descubrimientos en la medicina moderna, cuyos remedios parecen estar encaminados a enriquecer algunas empresas farmacéuticas, y donde los medicamentos solo se consiguen a precios imposibles de pagar por un simple mortal.

Nos tenemos que referir, y no por primera vez, a la extraordinaria influencia del pensamiento, de las emociones y del sentimiento tanto en las causas, así como en la prevención de las enfermedades.

En realidad, en el ser humano, es su cuerpo donde se reflejan todos los estados emocionales por los que pasa. Son sorprendentes y se reflejan como en un espejo, los efectos de la voluntad, de las pasiones, de las emociones, de los sentimientos, de la imaginación del miedo, de la fe, y de la felicidad sobre nuestro estado físico. Todavía existe la ilusión de algunos médicos que piensan que el cuerpo humano ejecuta todas sus funciones exclusivamente por procesos químicos o mecánicos sin la intervención de la influencia de las emociones.

La imaginación, las emociones, los sentimientos son cosas que todos vivimos a diario y están en constante actividad, sea o no que tangamos conciencia de ello. Las actividades inconscientes del ser humano son casi infinitas en comparación con el pequeño número de ellas que impresiona nuestra conciencia externa.

Nuestra mente no deja de trabajar silenciosamente, penetrando cada célula del cuerpo con su influencia vital, repitiéndose en cada función, latiendo en el corazón, respirando en los pulmones, reflejándose y tejiendo su propia forma en cada acto de la nutrición; realizando su propia vida en cada sensación y ejerciendo su voluntad en cada movimiento. Sin duda alguna el poder de la mente está muy por encima del poder corporal.

Muchos padecimientos pueden ser producidos por una continua ansiedad mental. Tras las causas físicas podemos encontrar la raíz de las enfermedades en la condiciones del espíritu y en nuestro falso modo de pensar.

Prevenir las enfermedades se puede lograr educando a la gente para vivir mejor enseñándole una higiene de pensamiento más racional, una filosofía más optimista y quizá una teología menos lúgubre.

Cultivemos una imaginación clara y vigorosa; ahuyentemos las enfermedades con el buen humor y con una sonrisa.

En resumen, el sistema inmunológico se fortalece o se deprime según los pensamientos que alberguemos.