SER

Por Mario Góngora H.

Existen dos lados de nuestro ser que tenemos que considerar. Uno es nuestro contacto con la humanidad, con los demás; el otro, nuestra separación de la humanidad, el contacto con nosotros mismos. El primero nos da la oportunidad de afirmar la segunda. Es nuestra separación la que hace nuestra personalidad.

Nuestra obligación para con la sociedad es ser ‘alguien’, es decir ser uno mismo, diferente a los demás; y para esto es preciso estar consigo mismo con cierta frecuencia. Si nos abstraemos en pensamientos constructivos y positivos, nunca podremos sentirnos solos. En muchas civilizaciones por medio de la meditación se han resuelto muchos problemas del espíritu.

Como ideal, el de la libertad es muy superior al de la igualdad. En toda comunidad organizada y civilizada, la prueba del hombre es la preponderancia que unos tienen sobre los demás, mientras dicha preponderancia no se transforme en un sendero de abusos como la historia nos lo ha demostrado en muchas ocasiones.

La libertad también toma prioridad sobre la riqueza material, lo malo siendo que el ideal de la riqueza predomina en forma alarmante sobre el país. Y lo que el hombre es y tiene en sí mismo, es su personalidad, la cual es el factor directo e inmediato de su felicidad y bienestar.

Cuando hablamos de clases sociales, cuando una clase menos favorecida hace desaparecer a la clase superior, surge una nueva inmediatamente, y en el supuesto caso que se destruyeran clase tras clase, hasta que solo quedaran dos personas, alguno de ellos tendría que ser superior al otro indudablemente.

La mayoría de las personas se siente en su elemento cuando está en un clima de rutina pacífica, mientras que el que tiene aspiraciones, solamente florece en medio de la inquietud y el conflicto.

Mejor libertad que igualdad. Ninguna cosa se ha hecho más desigual que el hombre. Los que creen en una igualdad absoluta son los que reconocen su propia inferioridad. Nadie ha saboreado los placeres del vivir sin sobresalir en algo, sin haber alcanzado éxito de algún modo.

La cuestión del éxito personal debe dejarse a la capacidad y al amor propio de cada quien. Es necesario tener el convencimiento de que nuestro desarrollo depende de nosotros mismos y de la calidad de nuestro esfuerzo, del desarrollo y la aplicación de ciertas cualidades naturales y particulares de cada individuo.

Nuestro lado espiritual y nuestro contacto con la sociedad pronto descubren que los obstáculos multiplican nuestro poder combativo, son el impulso necesario para el éxito.
Sin obstáculos no hay progreso.

La libertad sobre la igualdad depende de nuestra habilidad de percibir la voluntad para emprender y el valor para perder. Tener aspiraciones no consiste en pedir lo que no merecemos, sino en aprender más para hacer más y merecer más