EL SABER

Por
Mario Góngora Hernández

Existen dos cosas que nunca se agotarán: el deseo de aprender y las estrellas en el firmamento.

Lo importante en cuanto al conocimiento, es que es mejor saber poco que tomar como verdad algo que es falso. En ocasiones más nos convendría vivir un poco más por el solo hecho de que la sabiduría más importante es la que nos enseña a saber vivir.

Para realmente saber y conocer, en lugar de esperar aprender algo en la escuela, es necesario llevar a las escuelas lo más y lo mejor que podamos de nosotros mismos. Es una verdad que tanto aprendemos dentro de la escuela como fuera de ella.

El estudio de materias como química, física, trigonometría, álgebra, o cálculo, obviamente les son de provecho directo a los que deciden continuar con carreras afines. Los demás pronto las olvidamos. Pero es un hecho que su estudio nos otorga la disciplina del estudio y nos estimula el cerebro para pensar mejor y con mayor agilidad.

Más que preguntarnos lo que sabemos, mejor debemos fijarnos en lo que podemos hacer, porque una persona puede saber de la historia del país y del mundo y sin embargo puede no saber cómo ganarse la vida. Sin embargo, cuando una persona es capaz de hacer algo, de ser productiva, es señal que algo sabe y que está en el camino de saber más.

Es común en la actualidad, que un buen número de jóvenes están en desventaja por estar demasiado protegidos; de no conocer esfuerzos ni privaciones y que ganarían mucho más si trabajaran en algo antes de iniciar una carrera profesional. Aprender a sudar en el trabajo es una gran oportunidad para el futuro de un joven.

Actualmente la enseñanza en la mayoría de las escuelas no capacita a los profesionistas para abrirse paso en el mundo. Los conocimientos técnicos son de menor importancia que la habilidad de adquirir la información necesaria y para pensar con claridad. Saber dónde encontrar la información y el conocimiento requerido es lo más importante.

La cátedra en escuelas y universidades no es la principal fuente del saber. La observación, el sentido común y la acción nos dan la experiencia, la capacidad de bastarnos a nosotros mismos.

Las mejores escuelas son aquellas que tienen como objetivo el convencer a los alumnos a ser objetivos y ver lo que está frente a ellos; las que son capaces de enseñar solamente aquello que el alumno no puede aprender solo. En ocasiones, es fácil el afectar nuestro juicio si únicamente nos basamos y creemos todo lo que nos dicen los demás, sin hacer caso a lo que nuestra intuición y observación nos revelan. A no ser por el espíritu observador de Newton, se desconocería aún la ley de la gravedad; o el descubrimiento del principio del vapor de agua por Watt; o los puentes colgantes basados en la observación de las telarañas por Brown.

El problema en el ser humano no es la falta de memoria, sino la falta de observación. El genio es la habilidad para reconocer lo obvio. Es el poder ver lo que los demás no han querido o no han podido ver.

El juicio hacia una persona es no solamente por lo que sabe, sino por el uso que le da al saber.