LA MODESTIA

Por
Mario Góngora H.

Para muchos, es mejor el hombre fuerte físicamente que el débil; es mejor el alto que el chaparro; es más humano el bebé recién nacido que el que está por nacer. Pero los hombres no deben cotizarse por sus kilos como las reses, ni por su altura o tamaño, ni por su edad. Es preferible ser débil y entender a los filósofos, que ser un atleta y no saber nada. Pero siendo fuertes o débiles, necesitamos aprender a ser modestos, rectos, entusiastas y sinceros.

Lo que más nos hace valer, es el valor moral; así como necesitamos de la tolerancia y la honradez, virtudes tales, sin las cuales no podemos controlar las fuerzas que la ciencia y la tecnología están poniendo en nuestras manos.

El ser humano necesita cuidarse de la vanidad. La persona que llega a conquistar la prosperidad y la fama, debe recibir la aprobación de los demás sin egoísmo ni vanagloria. Únicamente se pueden enumerar los méritos pequeños, porque normalmente todos nos juzgamos con una personalidad superior a los demás, aunque generalmente solo somos una copia de alguien más. Las costumbres, los hábitos, las exigencias sociales nos vuelven lo que no somos. Los que muchos llaman ‘su personalidad’, es solamente el modo como andan, como hablan, el auto que manejan y cómo se ven.

Nuestra modestia, la cual es esa cualidad del carácter que nos hace restar importancia a nuestras virtudes y logros, así como reconocer nuestros defectos, es en realidad sinónimo de efectividad humana. Es la suma total de nuestras habilidades traducidas en acción. No debemos medir nuestra personalidad por cosas cambiables. Aquel que mide su personalidad por sus estatus económico la puede ver destruida de la noche a la mañana. El grado de fama, fortuna y poder que se adquiere, por accidente o por adquisición económica, no puede durar.

El ser humano que mejor cumple su función el mundo, en la sociedad, es aquel que desde su inicio aprendió a dominar su vanidad y ser modesto. Los que son trabajadores incansables y que cada vez que caen o fracasan, se levantan y vuelven a intentarlo.

La modestia, siendo parte de nuestra personalidad, está relacionada con nuestras emociones y por ende, con nuestro estado de salud; con el medio en el que nos desenvolvemos y con la educación a la que fuimos expuestos.

La riqueza, la notoriedad y el poder, el ‘creerse mucho’ no pueden ser una medida justa del mérito de nadie, ni de su éxito.

La modestia puede ser entre otras cosas, el estar contentos con lo que tenemos, el tener ambiciones razonables. Algunos pueden ser superiores o inferiores a los demás en proporción a que posean ciertas cualidades, como honor, franqueza, salud, ánimo, generosidad, valor y agradecimiento.

Si alguien se dice o se siente superior a nosotros, dejémoslo ser con una actitud humilde y modesta. Pronto la naturaleza, el universo, el Creador, se ocuparán de ponerlo en su lugar.