Por
Mario Góngora H.
Los sueños, nuestras aspiraciones; la visualización de nuestro futuro, son una realidad de la vida. Lo que vemos a diario que pensamos que realmente vale la pena, es la serie de esos sueños de muchos convertidos en realidad.
Si queremos hacer algo y realmente lo deseamos, sin importar su magnitud, lo podemos hacer, esto es, si estamos dispuestos a pagar el precio, el cual es aferrarnos a dichos sueños como cosa sagrada y preciosa. Pocos están dispuestos a hacerlo.
Es común dejarnos sugestionar por los que nos aseguran que no podemos hacer algo; nos convencen que nuestros sueños son imposibles. Pero en realidad no sabemos qué es imposible. Ningún plan puede ya considerarse una locura. Cuando intentamos “lo imposible”, lo más seguro es que haremos “lo mejor posible”. Y si por algún motivo ajeno a nosotros no lo logramos, es también seguro que estaremos más cerca de nuestro sueño de lo que estábamos.
Nacimo todos, para cumplir nuestros sueños, para florecer como personas; así fuimos creados, como un rosal para florecer, un ave para cantar o un pez para nadar.
En cualquier proyecto para cumplir nuestros sueños, el único auditorio que cuenta somos nosotros mismos. Nadie más debe interferir en ellos.
Somos como las flores en el campo, crecen en donde quiera que estén. La mente humana tiene que dar sus frutos igualmente, aunque de momento no haya quien los recoja.
Si sentimos deseos de escribir solo ideas, poesía, obras de teatro; de estudiar música, pintura, escultura; si destacamos por nuestro esfuerzo y talento, no tendremos que andar buscando quién nos patrocine. Más bien vendrán a buscarnos.
Estoy absolutamente seguro que la expresión escrita de muchos que se piensan aficionados, es mucho más sincera, atinada, sabia y franca que la de algunos escritores de profesión, habladores fecundos y brillantes que reciben buenas remuneraciones económicas por sus escritos. Podemos afirmar que una casa editora, y hasta algunas revistas, se pueden caracterizar no solamente por lo que publican, sino también por lo que dejan de publicar.
Seguir nuestra vocación, nuestros sueños, aunque tengamos que trabajar en cualquiera otra cosa para ganarnos la vida es importante. Tarde o temprano veremos realizados nuestras metas. Un pajarillo no recibe pago alguno por cantar, pero sin embargo lo hace y cuando siente hambre simplemente la sacia con algunos cuantos granos o insectos.
Si hablamos de escribir, por ejemplo, si encontramos placer en ello, considerémoslo un recreo mental. No importa si lo publican o no. Sigamos cada quien nuestra inclinación de cualquier tipo, sin pensar cuánto dinero nos producirá, sino cuánta felicidad obtendremos al expresar nuestras palabras, nuestros sueños, escritos, arte, etc.; al expresar nuestros sentimientos e ideas.
