Por
Mario Góngora H.
La conquista de sí mismo, es la mayor de las victorias (Platón)
La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo (Buda)
Cuando nos hayamos conquistado a nosotros mismos, no únicamente nada nos quedará por conquistar, sino que nadie más podrá estar sobre nosotros.
Si nunca intentamos realizar lo que deseamos ver consumado, ¿cómo podemos esperar que sea un hecho, una realidad? Es cierto que el mundo está lleno de obstáculos, pero nada es más cierto que en el vencerlos, está el estímulo y el placer de vivir. Ya nadie debe dudar que las personas consiguen lo que honradamente se proponen; que algo realizado hoy, vale por dos hechas mañana y que nadie es derrotado mientras no se desaliente, mientras no pierda la fe en sí mismo.
Como miembros de la raza humana, el que pudiendo ayudar a otros a desarrollarse, a progresar, a superarse, a sanar, y no lo hace, es un egoísta, un mezquino. Igualmente lo es quien ridiculiza o se burla y hasta reprime las aspiraciones de sus semejantes. Y también es egoísmo el negar elogio y estímulo a quien así lo merece.
Pero hay algo peor, esto es, tratarnos a nosotros mismos con el mismo egoísmo y falta de apoyo como podemos tratar a otros. Hay quienes tienen tan poca fe en sí mismos y en sus habilidades, así como tan poca confianza en su porvenir, en su mentalidad y en su esfuerzo, y tan escasa creencia en un mundo que según ellos, los mantiene tan miserables, que no pueden inspirar otra cosa que desprecio o compasión.
La fe, nuestras creencias, y no solamente religiosas, son una de las mayores necesidades en el ser humano. Sin no nos mantenemos alertas mentalmente, tenderán a predominar en nosotros aquellas cualidades mentales que traen la falta de confianza y de ánimo en vez de otras en las que hallamos inspiración y valor.
Alguien comentó una vez: “Cuando somos absurdos, deseamos conquistar el mundo. Cuando somos sabios, deseamos conquistarnos a nosotros mismos.”
Para conquistarnos a nosotros mismos, es importante escoger el yo el superior por encima del inferior, el ser sinceros, honestos, amorosos, puros y sabios. ¿Sencillo? No tanto, pero tampoco es imposible.
“No conquistamos las montañas, sino a nosotros mismos.” (Sir Edmund Percival Hillary-alpinista).
En realidad todos sabemos cuál es la manera de llegar hasta nuestro corazón. Siempre lo hemos sabido, desde nuestro nacimiento. Y si nunca lo hemos intentado es porque no hemos tenido el valor suficiente. También sabemos que en nuestro Corazón está la capacidad para hacerlo todo. Nuestro poder está allí. En ese preciso lugar, está cada uno de nosotros para ser esa persona que anhelamos ser todas las mañanas cuando nos levantamos.
