UNA COMPULSIÓN DAÑINA

Por
Mario Góngora H.
Parece ser que los seres humanos sufrimos de una necesidad o de un impulso irresistible de sufrir. Aunque afirmamos que no, en general, amamos lo triste. Algunos pueden inclusive tener una especie de un gozo macabro en sus estados depresivos.
Los periódicos, las revistas, el cine, la televisión y hasta algunos juegos de computadora se ocupan principalmente de lo triste, de lo violento y de lo escandaloso. Se concentran mucho más en lo negativo que en lo positivo. Muy pocas veces se menciona lo bello, lo agradable y lo que vale la pena. Y todo esto sucede porque se conoce el verdadero gusto del público. La nota roja siempre goza de mucha aceptación.
Aunque decimos lo contrario, la mayor parte de los hombres aman lo triste y lo negativo. Se hacen adictos a telenovelas que entre más llanto y sufrimiento muestren, más gustan. Y peor aún, gozan con destrozarse el corazón con penas imaginarias; con lo que pudiera ser, pero no lo es. Muchos se atreven a afirmar que en el mundo no hay quien sufra más que ellos. El público parece gozar más de lo ridículo, lo malo, y de todo aquello que suene y huela a muerte y sangre, a traición y deshonestidad.
Lo negativo de esta compulsión, es que el mundo generalmente nos trata como secretamente lo esperamos. Y lo más terrible, es que el miedo es nuestra peor amenaza. Si bien, a últimas fechas hemos visto o escuchado de cosas y acciones terribles, debemos considerarlas como cosas transitorias evitando que adquieran una influencia permanente en nuestra vida y en nuestras acciones. Todos los acontecimientos negativos en la actualidad, no podemos considerarlos eternos. Depende de nosotros, que debemos intentar al menos, descubrir la bondad y las buenas acciones en los demás.
Mirar la vida como lo hiciéramos en esos espejos curvos que nos distorsionan, nos hacen sentir los acontecimientos fuera de su verdadera proporción. Podemos decir que en la vida muchas cosas han tomado la forma que les hemos dado en nuestra imaginación. Si vemos las cosas en el espejo equivocado, en el pesimista, nuestra visión será realmente atemorizante. Quien en su mente admite un centímetro de pesimismo, pronto lo convierte en un kilómetro de calamidades, amenazas y mala suerte.
Quizá los males actuales son provocados por nuestras actitudes, provocados por la forma en que pensamos, por nuestra falta de atención y de acción, por la formas que les damos en nuestra imaginación. Nuestros pensamientos se transforman en hechos. Recordemos que el clon del miedo es el pesimismo.
La mayor parte de los males actuales no se los debemos al Presidente, ni a la pobreza, ni a nadie más, sino a nosotros mismos que con la corrupción y por el dinero fácil, tenemos al país en el estado en el que nosotros mismos lo hemos puesto gracias a esa compulsión de optar por todo lo negativo, lo malo y lo triste.