LA VIDA QUE CUENTA

Por
Mario Góngora H.
Se dice que la vida que realmente cuenta es la de trabajar, luchar, y la de buscar continuamente la verdad.
La naturaleza humana no ha cambiado en miles de años. Los cromagnón tuvieron las mismas reacciones ante los problemas y los acontecimientos como nosotros las tenemos hoy. Nuestras necesidades son muy parecidas. Nos gusta que nos alaben y nos resentimos ante los agravios. El hombre ha cambiado de gustos pero no de inclinaciones. Las guerras continuarán por cientos o quizá miles de años más.
Sin embargo, como en tiempos de la prehistoria, sigue siendo un privilegio estar vivos. Todo logro, todo éxito que valga la pena, se obtiene con el trabajo, con la lucha diaria y todo triunfador lleva cicatrices. Los que logran mayor felicidad son los más eficientes, los que tienen la voluntad suficiente para desarrollarse a sí mismos.
Tanto falta de hacer todavía en el mundo que se siguen necesitando hombres y mujeres de verdad. Muchas cosas pueden cambiar, pero la iniciativa individual, esa que la izquierda nos quiere quitar, tenemos que preservarla. No se hará mucho sin hombres de empuje, a los que se les da cierta libertad e incentivos para que demuestren de lo que son capaces.
La aritmética del avance y la prosperidad que cuenta, no depende de la división ni de la resta, sino de la multiplicación.
A pesar de todo, principalmente de la demagogia y el populismo, la vida de trabajo y la búsqueda de la verdad son lo que realmente cuenta. Mañana, como lo fue ayer y lo es hoy, la integridad y la decencia por fuerza producen buenos resultados.
Para hacer que la vida realmente cuente, necesitamos pensar. Si no avanzamos, debemos evaluar lo que debemos hacer para progresar; lo que debemos analizar es qué ayuda nos podemos prestar a nosotros mismos, la cual será mejor y superior a cualquier otra que nos puedan ofrecer.
Sin duda alguna, lo que verdaderamente cuenta, es hacer nuestro trabajo lo mejor que podamos. No podemos ser de aquellos que lo quieren todo por nada.
En esta vida lo que cuenta es vivir con sencillez y comprender que ésta no es un negocio ni una obligación, sino más bien se trata de desarrollar el arte de vivir, considerando que aquellos que consideran el éxito financiero como “éxito”, al final de cuentas quedan desilusionados.
Debemos seguir intentando el mejoramiento individual, para luego lograr el colectivo. Las cosas no suceden al revés.