Por
Mario Góngora H.
En estos tiempos en los que nos encontramos en un estado de confusión, agitación, conmoción, inseguridad e intranquilidad, las palabras dichas o escritas por autoridades, políticos, gobernantes y por nosotros, los simples mortales, cobran vital importancia.
Las palabras pueden herir, pueden reflejar la hipocresía y pueden mentir, siendo esto ya tan frecuente como los que a diario mueren en tiroteos o en ejecuciones.
Sin embargo, las palabras también pueden bendecir; pueden tener un poder curativo, pueden dar aliento, confianza e información. Pueden ser de amor y de sabiduría. Y la ventaja es que como seres humanos, podemos controlar nuestras palabras. El control de la lengua implica dominio propio, y pronto nos damos cuenta que nunca hay que hablar antes de escuchar.
Se dice que el carácter de una persona se puede descubrir mediante un estudio de las palabras que ella emplea. Podemos hacer uso de palabras para traer bendición a las personas que nos oyen, y también podemos convertirlas en instrumentos para sembrar desconfianza y disgusto. Las palabras pueden expresar amor u odio.
Con frecuencia decimos una palabra y nadie la oye, o la escribimos y nadie le hace caso. Pero siempre existe la esperanza que a través de algún tiempo, aquella palabra cobre vida, florezca y de fruto. En ocasiones sembramos sin estar concientes de que lo hacemos. Pero lo mejor es que todo lo que damos nos es devuelto con creces.
Si bendecimos o alentamos a otros, sentimos bendiciones y aliento nosotros mismos. Y si son palabras de optimismo, vemos y sentimos que también se nos incrementa el placer de vivir; además de aumentar la confianza en nosotros mismos. Por muy mala o muy dura que nos parezca la vida en la actualidad, se trata de encontrarle su mejor lado para que nos cause felicidad.
Utilizando las palabras adecuadas con los demás y con nosotros mismos, nos damos cuenta que en la vida, lo que realmente es importante no es lo que materialmente conseguimos, sino más bien, el cómo nos sentimos con lo que tenemos; con nuestra actuación o desempeño, y sobre todo, con nuestras aspiraciones.
El día de hoy nos preocupa porque las palabras en las noticias hacen que nos domine el miedo, que tengamos dudas y sospechas sobre las acciones gubernamentales, sobre el desempeño de las autoridades; sobre la economía, al punto de pensar que la civilización entera se derrumba.
Efectivamente, existen muchas cosas negativas en el presente, pero también existen las positivas. No debemos olvidar que también existen la fe y la esperanza en las acciones y en las palabras del ser humano, y que no por las actuaciones de unos pocos que se hacen notar por su maldad, el resto de la humanidad es igual.
