EL CAMINO A LA PROSPERIDAD

Por
Mario Góngora H.

La prosperidad no puede ser de aquel que se cansa con el menor esfuerzo, ni de quien aborrece su trabajo, ni del que se desploma ante alguna circunstancia adversa. Normalmente el no cumplir con nuestras aspiraciones no es sino una barrera mental, como la de aquellos navegantes que no se atrevían a alejarse mucho de las costas porque pensaban que el mundo era cuadrado y temían que si llegaban a la orilla del mundo caerían a un precipicio.

Los que se aventuran más allá de su lo que aparentemente es su línea de seguridad, más allá de donde otros no se atreven a llegar, son los que realmente logran lo impensable. No hay límites para nuestras aspiraciones si estamos dispuestos a arriesgar nuestro pasado, nuestro presente y nuestro porvenir. Nada es más fuerte que el hombre excepto sus propias pasiones.

El camino hacia la verdadera prosperidad no es rápido ni fácil, sino es largo, difícil y accidentado, y si lo recorremos lentamente jamás llegaremos al final, a nuestro destino.

En realidad, toda persona puede lograr sus aspiraciones si tiene el suficiente empeño, confianza en sí misma y no nos detenemos a pensar en nuestros miedos. Uno de los puntos importantes es no pensar nunca en la derrota, pues ese miedo acabará con todo éxito en puerta. Solamente se requiere una entrega total, personal absoluta a lo que hacemos. Y así la fe en el resultado de nuestro esfuerzo transformará la tragedia en optimismo. Recordemos que la virtud está en la lucha y no en el premio.

De todo lo que nos sucede, lo de mayores consecuencias no son aquellas cosas que no esperamos, sino lo que nosotros mismos buscamos o generamos. Contrario a las creencias de la “ley de la atracción”, las cosas que más tememos que pasen nunca pasan. Los problemas de “mañana” son realmente inmateriales, porque se resolverán a su debido tiempo.

El mundo es un reflejo de nuestros estados mentales. Lo que somos, es nuestro mundo. Todo en el universo es resuelto en nuestra experiencia interna. Somos un reflejo de nuestro propio estado de consciencia. Importa lo que somos internamente.

Para tomar el camino a la prosperidad los pensamientos, deseos y aspiraciones debemos comprender que estos componen nuestro mundo, y así lo bueno y lo malo, la paz y la tranquilidad, todo lo que hay en el universo está contenido dentro de nosotros mismos.

Por nuestros propios pensamientos hacemos o deshacemos nuestra vida, nuestro mundo, nuestro universo. En la medida que construimos nuestro mundo internamente con el poder del pensamiento, la vida y las circunstancias tomarán forma de acuerdo a eso.

El alma que es pura, generosa y noble, toma su camino hacia la felicidad y la prosperidad.