Por
Mario Góngora H.
Se nos dice que todo está predestinado, que nuestro destino está marcado, que todo sucede cuando tiene que suceder…..¿pero, será esto verdad? ¿Nuestro destino pudiera ser pasar por diferentes sufrimientos, problemas y adversidades y nunca liberarnos de ellos?
La adversidad pone fuera de combate a mucha personas sin haberlos tocado siquiera. Y no podemos hablar de fuerza mientras nuestro corazón no haya sabido lo que es la debilidad y sobre todo, mientras no haya luchado contra ella. Si hemos pasado por adversidades, y hemos luchado, debemos dar gracias por ello.
Pero estemos tranquilos, no dejemos que las situaciones adversas que el destino puso en nuestro camino destruyan nuestro espíritu de lucha. Venciendo lo que en algún momento dado nos agobia, nos genera un mejor destino así como el que albergábamos y que hubiera sido realidad si no intentamos luchar contra el mismo. Jamás permitamos que lo adverso abata nuestro espíritu….si así lo queremos.
Si vemos ante nosotros “un negro destino”, recordemos que las dificultades nos fueron puestas ante nosotros para probarnos, no para acabarnos, y que si nos desesperamos todo se volverá más difícil.
La vida no se nos ha otorgado para el sufrimiento, sino para gozarla provocando el bien propio y el ajeno. La energía es la voluntad puesta en acción.
Todos comprendemos que no todo es dulzura en esta vida y que tenemos que padecer un poco y probar la decepción, pero no es algo que no podamos dominar. Debemos comprender que que cada quien forja su propio destino según se describe en la aplicación del “Efecto Isaías”, el cual nos pone al frente miles de opciones o caminos a tomar en la vida. Solo tengamos la precaución de no tomar los que nos llevan a un precipicio, al desfiladero.
Si uno de los destinos que escogemos se muestra adverso, hagámosle frente sin bajar los ojos, lejos de aceptar la derrota. Todos tenemos la capacidad de realizar todas nuestras aspiraciones si tenemos confianza en nuestro poder, y si nunca nos detenemos para pensar en el fracaso. Uno de los factores más importantes ante un “destino adverso” es nunca pensar en la derrota, porque el miedo destruye la victoria más segura. Si luchamos contra algo, asegurémonos que sea hasta el final teniendo fe en la eficacia del esfuerzo y en nuestro idealismo. “La virtud está en la lucha y no en el premio”.
Forjamos nuestro destino a voluntad y lo construimos siempre viendo hacia adelante, pero siempre alertas para que ninguna tormenta nos tome por sorpresa. Y la mejor forma de decidir nuestro destino está en tener el corazón “bien puesto” y amar lo que hacemos.
