Por
Mario Góngora H.
El diccionario nos dice que sensatez “es la cualidad que tienen las personas que muestran buen juicio, prudencia y madurez en sus actos y decisiones”.
Solo muy ocasionalmente encontramos personas sensatas que se ajustan bien a la realidad de la vida, que se encuentran en armonía consigo mismos, con un sentido común bien desarrollado.
La sensatez es más valiosa que dinero en el banco y mientras más pronto la desarrollemos, podremos disfrutar de ella más tiempo. Es como un arte de la vida práctica y la vemos reflejada en todos aquellos que trabajando, logran grandes cosas. Habitamos en un gran mundo cuando somos realmente sensatos, y aquellos que dejan que su criterio sea corrompido por su ambición, son hombres pequeños, sujetos a esclavizar su criterio y su individualidad.
Es tiempo perdido el que invertimos ciegamente admirando todo lo que otros dicen y hacen. Ninguna opinión ajena puede compensar la pérdida de la nuestra. Se equivoca aquél que piensa que los demás no saben pensar. En realidad, el pueblo se equivoca con menos frecuencia que lo que pretenden hacernos creer los políticos, solo que ya sea por codicia, por ambición, por la oportunidad de vivir de los demás, muchos se traicionan a sí mismos, a sus principios, a sus familias y sobre todo al prójimo.
Con cierta frecuencia, algunos gobiernos tienen como meta, aquella en que al ciudadano común no debe dársele la oportunidad de pensar. Han desarrollado una enorme sociedad que ha aprendido a ser dependiente. Y para todo aquél que tenga cierta aspiración de logros, el estudiar nunca es suficiente, debe poder pensar.
Se escucha fácil, pero el hombre más sensato es aquel que realmente tiene su mejor desempeño y está enamorado de su trabajo; el que es justo con el prójimo; el que puede tener amigos a pesar de tener éxito; el que aprende cómo pensar en base a meditar y cuestionar todo lo que se le presenta. Aquél que tiene a habilidad de soñar en su futuro; el que ve siempre hacia adelante a pesar de sus fracasos. El que sabe disfrutar de la vida sin alcohol, sin drogas y aún sin música. El que sabe luchar por sus ideales sin rendirse y que cuando pierde, no culpa a nadie sino a sí mismo.
El que solo alcanza un éxito financiero siempre estará desilusionado, sin comprender que nuestro carácter realmente se enriquece llevando una vida sencilla; por tener la habilidad de sentir compasión y bondad para los desvalidos en lo físico y en lo espiritual. Por ser sinceros y francos.
La persona reamente sensata, pronto descubre que la vida más que todo es un arte y que de todas las artes, no hay arte más importante que el de vivir. Y que el amor propio es realmente el amor por la humanidad.
