Por
Mario Góngora H.
Algunos ciudadanos, por defender su vida y la de su familias, la honra de una hija, o su propiedad, se han visto forzados a herir o hasta matar aquellos que llevan toda la intención, de que si no acceden a sus exigencias, tomarán su vida, violarán a sus hijas o secuestrarán a su familia.
Tanta preocupación, como la imparable delincuencia, nos debe causar que diputados de varios partidos y sobre todo el gobierno estatal, estén interpretado la legítima defensa, la cual es un derecho, con la justicia por mano propia, la cual presupone un delito. Esto lo entiende un niño de primaria, pero gobierno y políticos parecen no conocer la diferencia; o de plano son cómplices de los delincuentes que son sin lugar a dudas, protegidos por jueces y funcionarios corruptos. Obviamente que tomar justicia por propia mano no nos hace una mejor sociedad, pero ejercer una legítima defensa sí lo hace.
El ciudadano que se defiende no es un enemigo ni de la ley ni de la justicia ni de la nación. Al contrario, se convierte en un aliado, ya que la seguridad que brinda el estado obviamente es nula para el ciudadano común. Mientras los delincuentes pueden delinquir, ser detenidos y liberados una vez tras otra, el ciudadano que se defiende es detenido, encarcelado y sometido a un proceso penal. Y para colmo, tiene que disculparse con el delincuente que lo atacó e hirió, le tiene que pagar sus gastos médicos y en ocasiones, como lo hemos leído en la prensa, el mismo ministerio público ha sugerido que la víctima le pague una mordida al delincuente para recibir su perdón.
Que el gobierno pretenda que la “inseguridad” se disuelva mágicamente y que el ciudadano deba esperar la intervención de las autoridades cada vez que sea víctima de un delito, es una fantasía, un sueño imposible. Federación, estado y municipio no únicamente no han logrado detener la delincuencia organizada, sino han permitido que la desorganizada nos tenga a su merced con asaltos, robos, secuestros, asesinatos, violaciones e intimidación. ¡Y no nos permiten defendernos!. Y si lo hacemos, nos quieren juzgar como si hubiéramos tomado la justicia en nuestras manos, no como que por no tener alternativa, nos defendimos. Para ellos, la opción más viable es dejarnos matar, secuestrar, etc. Pretenden que seamos victimizados “sin ofrecer resistencia”. Para políticos y autoridades es “mas honorable”, por ejemplo, que una mujer permita que la violen y la asesinen, pues si hace uso de su derecho a defenderse, será tratada como se debería tratar a los delincuentes.
Otros más sugieren que el cambio se debe dar a base de educación, a inculcar valores y rehabilitar a los actuales delincuentes. ¿Cuántas generaciones deben existir antes de lograr dicho cambio? Estamos en todo derecho de defendernos, que nada tiene que ver con hacer justicia por mano propia. Ya sabemos lo inútiles que son nuestros políticos, nuestras autoridades y nuestros gobernantes. Si vemos y sentimos que nuestra vida o la de nuestros familiares corren peligro; y que se quieren robar aquello por lo que hemos trabajado tanto ¡actuemos!, con todo y los peligros que lógicamente correremos. Recordemos que el delincuente también correrá los mismos riesgos. Estamos en nuestro derecho.
