Por
Mario Góngora H.
Todos sabemos que para tener éxito, en gran parte debemos conservarnos sanos. A pesar de que la felicidad es de hecho un acontecimiento espiritual, depende de nuestra mente el bienestar físico. Todo nos parece mejor en ausencia de las enfermedades.
El antiguo dicho de “mens sana in corpore sano” (mente sana en cuerpo sano) nos hace reflexionar que la salud es una de las partes esenciales para el éxito de cada uno de nosotros, pues no existe mayor infelicidad que sentirnos mal en cuerpo y alma. Y considerando lo anterior, encontramos que todos nos concentramos más en combatir las enfermedades que en cultivar la salud.
La naturaleza humana está diseñada para estar sanos, sin embargo cuando enfermamos es porque de algún modo violamos las leyes naturales dejando de atender una correcta alimentación, un ejercicio adecuado y sobre todo, porque hemos decidido albergar pensamientos negativos que nos llevan a deteriorar nuestro sistema inmunológico; o peor aún, porque abusamos de nuestro cuerpo utilizando substancias que perjudican el bienestar a largo plazo, obteniendo solamente un efímero placer que para conservarlo, debemos consumir cada vez mas todo tipo de droga de la cual es difícil librarse. El mejor remedio para el cuerpo es serenar nuestro espíritu con pensamientos positivos, libres de resentimientos, de odios y de envidias. En muchísimos casos las enfermedades son más bien psicológicas que fisiológicas, en que los medicamentos funcionan más bien por el efecto placebo que por sus componentes químicos.
Generalmente más gente perece por el estrés al preocuparse de todo, que por exceso de trabajo. Más enfermos son curados por las palabras optimistas del médico y de sus amigos y familiares, que por las recetas médicas.
Es interesante notar que hay personas que nunca envejecen, y mueren jóvenes octogenarios o nonagenarios por el solo hecho de nunca andarse quejando ante los demás de sus dolencias. Parece existir el factor de que al ponerle atención desmedida a una dolencia, ésta crece más.
Es definitivo que viven más años los que se mantienen interesados en la vida, y en crecer en sabiduría, que aquellos que solo existen esperando el final del camino. La diferencia entre la vejez y la juventud es la actitud mental hacia la vida. Los cambios positivos que se dan en nosotros mismos y no los años, son la verdadera medida de nuestra estancia en la tierra. Las canas dentro de uno mismo son peores que las que podemos ver, pues son la verdadera muestra de la vejez.
Armonizando el cuerpo y el espíritu a través de la mente, adquirimos tranquilidad y una energía que hasta un joven envidiaría, sin olvidar los requisitos de evitar los excesos; la necesidad de la constancia, el trabajo, el esparcimiento, el ejercicio, la limpieza; una alimentación adecuada, así como una suficiente oxigenación y un poco de sol. Una buen consejo es nunca comer a llenarse, contando con una dieta bien planificada.
