AYER COMO HOY

Por
Mario Góngora H.

“Unos cuantos hombres fuera de la ley, están privando a la gente de su soberanía. Se pisotean las leyes públicamente. El ladrón es dueño de todo. El oro está escaso; al artesano le falta trabajo. Uno es el que siembra y otro el que cosecha. El mundo se encuentra exhausto. Hoy hay más mandatarios que nunca”….esto dijo un escriba egipcio hace más de cuatro mil años.

Así que el mundo sigue siendo el mismo de antes, y sigue habiendo lo de siempre: parásitos, burocracia, crimen, avaricia, robos, asesinatos, codicia, injusticia, y hasta desocupación. Los políticos siguen igual, solo buscando el bien para sí mismos, con esa ambición insaciable por el poder y por el dinero. Sus discursos siguen igual, envueltos en cinismo y retórica. En muchos la ignorancia aflora por doquier. A veces mientras más inculto el individuo y más inútil para bastarse a sí mismo, más merecedor se ve y se siente para gobernarnos.

A falta de formas o caminos para exigirles responsabilidades y resultados a los políticos, ante sus fechorías, dicen asumir una responsabilidad que en realidad nunca toman. Luego están los que creen estar obrando justamente.

Algunos ya en el poder, empeoran con el tiempo. Error tras error es pronto considerado acción perfecta, y el pensar que solo ellos tienen la razón los convierte en un peligro para los ciudadanos. Cuando las personas no participamos en las leyes que hemos de obedecer, dejamos de estar en una democracia y entramos en una dictadura. La “nueva reforma penal” con sus catastróficos resultados que nos tiene a merced del hampa de todos los niveles, es una muestra.

Una sociedad que no quiere luchar contra el abuso y la tolerancia hacia los criminales pronto entra en el despotismo. La única forma de remediar las injusticias en nuestro tiempo es oponerse decididamente a ellas y cuando no nos asisten las autoridades, los ciudadanos automáticamente nos defendemos, y protegemos vida y propiedad. La indignación por sí misma no nos sirve de nada, a menos que venga provista de algo que amedrente a la delincuencia. Algunos hampones ya están encontrando la horma de su medida. Igual que hace miles de años, las fuerzas inician un equilibrio.

En el siglo XVIII, el jurista italiano Cesare Beccaria escribía en su obra Trattato dei delitti e delle pene (De los delitos y las penas) sobre las leyes existentes, tratando de encontrar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y evitar una interpretación desviada por conceptos morales de los jueces. La búsqueda todavía sigue, y los únicos beneficiados han sido los hampones que de acuerdo a una interpretación moral torcida de algunos jueces, quienes piensan que no importa dejarlos libres decenas de veces, siguen cometiendo delitos con plena impunidad. Por lo pronto, la autodefensa es la única opción, así como lo fue en tiempos pasados.