EL HOMBRE QUE VALE

Por
Mario Góngora H.

El hombre que vale, no está enloquecido por el dinero ni por el lujo; tampoco está corroído por los vicios ni las drogas. No se pasa la vida quejándose de todo lo que quiere, si no está dispuesto a trabajar para adquirirlo. Lo que no puede tener, se rehúsa a codiciarlo. No menosprecia el dinero, pero tampoco cambiaría su alma por él. No necesita demasiado en bienes materiales y lo que normalmente necesita, lo tiene.

Todo lo bueno a lo que le damos valor, significa la naturaleza de nuestros motivos y la calidad de nuestras intenciones. De ahí nace la confianza en uno mismo sin vanidad; la sencillez sin humillación, pero sí con humildad; y la decisión firme, sin caer en la esclavitud de nadie ni de algo.

Para ser superiores en inteligencia y en carácter, tenemos que seguir nuestros propios ideales y no los de la multitud, como pretende el “socialismo del siglo XXI”, lo que termina con acabar con el carácter individual, pues los hombres libres, cuando corrompidos, son los peores esclavos.

El que se no se atreve a seguir su propio criterio, no se pertenece a sí mismo y acaba de ser el juguete de todos los criterios y de doctrinas esclavizantes e inequitativas. El que se deja defraudar con retórica populista, es casi tan malo como el que lo defrauda.

Con el hombre no hay que usar paternalismos que lo debiliten y utilicen, porque el hombre para ser hombre, debe tener lo que deseé pero por su propio esfuerzo, y moverse con su propia energía y motivación, mas no con el machismo de los dictadores que resurgen en el mundo.

El hombre que vale no espera la salvación con los esfuerzos de los demás, y no llegará a valer para el mundo mientras no se convenza que cada quien debe salvarse a sí mismo, sin quitarle el producto de su trabajo al prójimo.

La prosperidad duradera, tanto para el ciudadano como para un país, no puede ser del que está atenido a la ayuda ajena, en el caso ciudadano, ni por expropiaciones, en el caso de un país. El país industrioso, así como el hombre trabajador, seguirá teniendo riqueza, y el flojo, el perezoso, seguirá atenido a que todo les den; seguirá quejándose y criticándolo todo y a todos.

Los que predican la igualdad económica logran los mejores programas de incompetencia, pues el mejor amigo del hombre no es ni el privilegio ni el favor de nadie, sino el de un medio que sea antagónico, que haga despertar su espíritu, que lo haga trabajar con entusiasmo y ánimo. Estoy convencido que lo mejor de la vida es la lucha por ella. Y el que lucha, pronto se da cuenta de que es más fuerte que la adversidad. Alguien mencionó alguna vez que “nunca es más fuerte el alma que cuando está sola, y solo los cobardes forman rebaño”. Quienes tienen realmente fe en las posibilidades y en lo resultados, han logrado sus metas. Estos son los hombres que valen.