LA INFLUENCIA DE LA PERSONALIDAD

Por
Mario Góngora H.
La personalidad es el conjunto de características de una persona. Pero no nos referimos al conjunto de características físicas que determinan a un individuo, sino más bien a su organización interior, la que nos hace actuar de manera diferente ante las circunstancias.

En general, todos nos vemos o sentimos con una personalidad superior a los demás, aunque son pocos los que son realmente auténticos. Algunos pueden considerarla como la forma en que hablan, o se visten, como se peinan, o como se ven, pero esto es demasiado superficial.

La personalidad tiene una profunda influencia en nuestro éxito, o desempeño. Tiene que ver con la efectividad humana. Es la habilidad traducida en acción. La personalidad, como el carácter, no es necesariamente estacionaria, puede cambiar de tiempo en tiempo.

Es notorio como los que cumplen mejor con su misión en la vida son aquellos que aprendieron a conquistar su vanidad, que son incansables trabajadores, y que ante cada tropiezo, se levantan de nuevo.

Aunque la genética pudiera influir en la personalidad, ésta última también tiene que ver con nuestro estado físico, con nuestras emociones, el medio en que vivimos y con nuestra educación.

Si una persona es rica, famosa o poderosa, no necesariamente es una medida justa de su mérito. El éxito hay que medirlo por el desarrollo de la personalidad y del carácter de cada persona. El hombre con pocas habilidades, pero tenaz y trabajador, tiene más mérito que el que tiene muchas más habilidades y no sabe o no quiere aprovecharlas.

La personalidad puede tener una gran influencia en estar contentos, aunque no necesariamente conformes, con lo que tenemos. Es mejor perseguir los grandes ideales, que las grandes e irreales ambiciones económicas. Una devoción por lo bueno, por lo justo y por lo correcto, nos puede ayudar a conseguir la verdadera riqueza.

La superioridad o inferioridad entre las personas se debe a la proporción en que tienen ciertas cualidades como el honor, el orden, el deseo de trabajar, la franqueza, el ánimo, la generosidad y el valor.

Los hombres de valor son como los corredores en una competencia, ponen su vista en los que llevan la delantera, no en los demás atletas tras de ellos.

La personalidad nos caracteriza como independientes