Por
Mario Góngora H.
Para muchos, existen dos cosas que para nuestro cerebro son ilimitadas: el conocimiento y el universo.
Pero la educación en nuestro país se ha vuelto tan complicada y tan sujeta a disputas, que no podemos esperar gran cosa de ella. La realidad es que es mejor saber poco, que aprender lo que no es cierto.
Le mejor enseñanza no es la que nos lleva a conseguir un título, sino cómo conseguir un trabajo que en realidad nos sirva de algo, y sobre todo, adaptado a la vida tal como es hoy en día.
Para dar el salto del conocimiento a la sabiduría, necesitamos llevar a la escuela más de lo que podamos de nosotros mismos. Aunque sabemos de los muchos tesoros en el conocimiento que adquirimos en las escuelas, colegios y universidades, tampoco podemos darles mayor importancia que lo que aprendemos fuera de las aulas. Es clásico el estudiante que una ves recibido o titulado, no ha tenido oportunidad de aplicar en la mayor parte de los casos, sus conocimientos de física, química, álgebra, etc., y quizá nos conteste que ya olvidó todo eso.
No nos preguntemos lo que sabe el individuo, sino lo que puede hacer con lo aprendido, pues puede tener licenciatura, maestría y doctorado, y descubrir que solo le sirven para limitarlo “por estar demasiado preparado”. Y algunos que todo lo saben, no son capaces de ganarse la vida por sí mismos y optan por afiliarse al mundo de la política, viviendo de su partido, de candidaturas, o de puestos en el gobierno. Fuera de esto, perecerían.
Aprender a sudar en el trabajo en la juventud es una gran oportunidad. Y tener a temprana edad privaciones y limitaciones, le permitirán al joven, progresar a través del esfuerzo y del auto descubrimiento. Esta es la educación que da sabiduría. Y ninguna actividad es denigrante si de por sí es honesta.
Quizá las escuelas podrían poner más énfasis a enseñar a pensar y observar, y dedicarse solo a transmitir aquello que el estudiante no es capaz de aprender por sí mismo. No es la falta de memoria lo que le afecta a un hombre, sino más bien, la falta de observación. ¡¡Cuánto hay que ver todavía, que los demás no hemos podido o querido ver!!
Lo que hacemos con nuestros conocimientos es lo que realmente importa y el hombre debe saber cómo controlar sus emociones para tratar a sus semejantes como es debido.
La responsabilidad es un elemento con la que debiera contar todo joven (¡y casi todos los adultos!) pues una calificación en la escuela de 70, es probable que nos haga pasar de año, pero esa misma calificación es una invitación al desastre en la vida profesional de un médico en una cirugía, o de un ingeniero o un arquitecto en la construcción de un edificio, en el que les diéramos la misma nota.
Llegar a la sabiduría a través de la educación necesita por fuerza el elemento de la iniciativa personal. La sabiduría significa, primero la adquisición y luego la puesta en práctica del hábito de pensar. El progreso es la consecuencia del uso de la imaginación, la cual prácticamente no se adquiere en las aulas. Aprender y hacer las cosas “comos siempre se han hecho” es una limitante para ver un nuevo día en el aspecto personal y en el social.
