Por
Mario Góngora H.
No cabe duda que el vicio del juego es tan viejo como la misma humanidad. Quizá es una forma de escapar de la realidad. Es el placer de soñar y de pronto, verse rico. Es una fuente inagotable de esperanzas que para él, el apostador, seguramente será una realidad solo es su mente.
Parece ser que en épocas difíciles y de crisis. el hombre recurre al juego de azar con más iniciativa que nunca. Otros le apuestan a dedicarse a lucrativos pero igualmente, peligrosos negocios.
De tal forma están las cosas, que quienes estudiaron en las mejores escuelas con el afán de tener dinero, pronto encuentran sus aspiraciones frustradas. Profesionistas ganando lo mismo que muchas secretarias. Otros más de vigilantes en empresas o vendiendo jugos en las esquinas. Sin embargo, así están las cosas por ahora y más vale vivir con lo que ganamos, aunque sea poco, que involucrarnos en apostarle a la ilegalidad.
La única forma de verdaderamente ganar dinero es trabajando mucho. Por otro lado, tenemos las formas que aparentan comodidad: el juego de azar; el juego de la política; el juego de ser líder; y la ruleta rusa del comercio de lo que está de moda, las drogas.
El entusiasmo por el trabajo en ocasiones ya no es suficiente para comprar todo lo que se nos antoja, pero la ilusión de ser ricos se reduce a acertar un número de lotería o melate. Y como millones de mexicanos tenemos esta esperanza, al menos contribuimos a obras de beneficencia.
Solo hay una verdad en apostar a ganar, y esta es la ley de las probabilidades la cual es ineludible. Esta hace perder a la mayoría de los que juegan. Otra ley indiscutible en las apuestas es que “lo que fácilmente se gana, fácilmente se pierde”
Podemos afirmar, que la Ludopatía (la adicción a las apuestas) “es un trastorno del comportamiento, que implica la pérdida de control en relación con un juego de apuestas o más, tanto si incide en las dificultades que supone para el individuo dejar de jugar cuando está apostando, como si nos referimos a mantenerse sin apostar definitivamente en aquel juego o en otros, y estas dificultades siguen un modelo adictivo en la mayoría de los casos, tanto en la manera en como se adquiere o mantiene el trastorno, como en las distorsiones de pensamiento, emocionales y comunicacionales que provoca y, desgraciadamente, en los efectos desastrosos en las relaciones familiares y amorosas del jugador” .
Por eso, la mejor apuesta es trabajar e intentar ahorrar lo que se pueda. Y si tenemos constancia, la fortuna tenderá a crecer lentamente, como lo hacen los mejores árboles. Todas las demás apuestas no funcionan. Cuando lleguemos a tener una mayor madurez, encontraremos que creeremos más en nosotros mismos que en la suerte. Por lo pronto, pongamos en acción nuestra experiencia, pues si no lo hacemos, seremos como el campesino que ara y no siembra.
