LAS COSAS SENCILLAS

Por Mario Góngora H.
Aunque ya miles hemos tratado el tema de la felicidad con anterioridad, conforme pasa el tiempo, vamos descubriendo todo aquello que motiva nuestro interior a sentirse contento, alegre y feliz, la mayor parte del tiempo.

Muchos otros miles han confundido la felicidad con el dinero, lo cual tiene nuestra sociedad en el terrible deterioro en la que se encuentra. Lo que causa la violencia actual no ha hecho más felices a los protagonistas. Al contrario, solo le ha traído muerte y dolor. Para los más degradados espiritualmente, el provocar la muerte intencional produce un macabro y maligno placer a su deteriorada alma.

En realidad lo único que nos da paz, tranquilidad y felicidad interna y externa, son las cosas comunes y sencillas. La buena salud, una flor, un bonito atardecer, el trato de algún amigo o de la persona que nos ama. Una mirada, una sonrisa sincera, o palabras de aliento, son parte de lo que hace sentir bien a cualquier ser humano.

La felicidad diaria la encontramos también cuando desempeñamos un trabajo que produce tal gusto en nosotros, que lo haríamos aún si no nos pagaran. Casi siempre una vida metódica nos produce esa sensación de bienestar que todo ser humano anhela. La humildad sin servilismo también nos produce bienestar. Quizá el dejar de ser egoístas es lo que nos da la mejor sensación de todas. Los que buscan la felicidad solo para sí mismos, jamás la encuentran.

Si bien la alegría se refleja en el rostro, se siente mejor en el corazón. El regocijo del alma se expresa mejor con una sonrisa tranquila que con una carcajada. Una alegría tranquila es la que nos provoca el buen humor.

Los que amanecen ya sintiéndose deprimidos, faltos de suerte y pensando que nada valen, deben recordar que donde hay gente infeliz, también la hay feliz. Ambos están vivos, comen, están bajo el mismo sol y respiran el mismo aire.

Todo aquello que va más allá de satisfacer nuestras necesidades, se interpone como un muro entre nosotros y la felicidad.

Se dice que la felicidad es un producto de la imaginación y tienen razón. Sin embargo existen acciones y emociones que nos permiten llegar a ella más fácil. La gratitud, por ejemplo, es un excelente para hacernos sentir mejor. Tener algo que queremos no nos da la felicidad; nos la da el estar agradecidos por tener aquello.

“Nunca se tiene algo hasta que no se comparte…” decía el maestro Gunther Klaus. Por eso la felicidad que no se comparte con alguien, no puede llamarse felicidad.

La satisfacción que recibimos con los placeres del espíritu es mayor, mas duradera y más benéfica para una sociedad en descomposición como la nuestra. Las ambiciones materiales deben estar por debajo de las espirituales. Y las cosas sencillas no se compran, están a nuestro alcance cuando así lo decidimos.