Por
Mario Góngora H.
Las acciones llamadas patrióticas son acciones que sirven para mostrar el amor que tiene uno hacia su país. Para algunos, el ejemplo más claro es el de morir en el campo de batalla defendiendo la patria, pero para otros, existen acciones menos extremas como exhibir banderas nacionales cuando gana un equipo deportivo, donde ubicamos a un buen número de mexicanos. Este no es un verdadero patriotismo.
El peligro para el país, si es que hemos de ser destruidos como nación, está en nosotros mismos. Vivimos un suicidio colectivo. La falta de respeto por la vida, la propiedad y los derechos más comunes del hombre, así como el imperio de las pasiones a través de la degradación más absoluta en nuestra historia, bien pueden terminar, si es que no lo han hecho ya, con nuestra forma de vida de trabajo decente y de vida tranquila y pacífica.
¿Culpables? Todos. Con gobiernos débiles a todos los niveles, solo capaces para aplicar la ley más para unos que para otros, incapaces de dar y hacer justicia, donde el delincuente hace lo que se le antoja una vez tras otra, mientras que el ciudadano sufre “todo el peso de la ley”, “hasta las últimas consecuencias” si se atreve a lesionar al que lo quiere matar, asaltar o robar.
El gobierno tiene que hacerse temer y respetar por los malos y ganarse la confianza de los buenos. Pero actualmente existe libertinaje para el delincuente, así como tiranía e injusticia para la mayoría que es patriota y cumple con sus deberes.
Por el otro lado, la situación actual de desorden, violencia y abusos no es cosa de un solo gobernante. Si cada hombre que compone la sociedad y que se dedica a delinquir tomara conciencia de sus actos y los corrigiera, todo esto terminaría.
La nación que alienta la formación y desarrollo de la delincuencia, que es lo que está sucediendo, en realidad promueve la discordia interna y pierde el respeto de sus ciudadanos, al punto que algunos han pensado en invitar la intervención extranjera (la Organización de las Naciones Unidas) para resolver el problema. Y ante la ineptitud o deliberada falta de actuación de las autoridades, quizá tienen razón.
En el mundo siempre han existido los delincuentes que jamás piensan en el futuro de su patria, y mientras éstos hagan y deshagan a su antojo, no habrá paz.
El verdadero patriota moderno no es el que demostró su valor en una guerra en un suelo extranjero, sino que es aquel que tiene menos flojera para trabajar, menos apatía, menos envidia, menos codicia, menos vicios, menos mala fe. El patriota es el que tiene más carácter, más solidaridad, más amor al trabajo, mas conciencia de sus obligaciones y sus derechos, más auto disciplina, más lealtad y más sentido común.
El verdadero patriota moderno es el que posee la visión de un país grandioso, el que no promete milagros imposibles como lo hacen los políticos. Es el aquel que es emprendedor, capaz de avanzar a pesar de los obstáculos, el que domina las situaciones. El que además de respetarse a sí mismo, respeta a los demás.
