Por
Mario Góngora H.
Para ser una persona de influencia, no importa ni cuánto trabajamos, ni qué tan inteligentes somos. Lo importante es poder convencer a los demás de nuestras ideas y que obtengamos su acción para lograr lo que proponemos.
Pero convencer a alguien de algo, no es solamente contar con la capacidad de hablar o comunicarse, sino de transmitir los pensamientos y las emociones de tal forma que logremos tener una influencia en los demás.
Y para lograr un interés en nuestra propuesta o comunicación, tenemos que estar nosotros mismos convencidos para que dicha comunicación sea sincera. Debemos realmente creer en lo que decimos. De otra forma no funciona. Penetrar la mente de la otra persona es la respuesta y la consecuencia.
Persuadir es realmente un arte que puede ser aprendido. Casi en todo lo que nos involucramos contempla las decisiones de alguien más, y ciertamente que la persuasión y el convencimiento, funcionan mejor que tratar de lograr algo a la fuerza. Muchas cosas de la vida dependen de nuestra habilidad de convencer a otras personas para que vean y sientan como nosotros pensamos.
¡Cuántas ideas se han perdido por la incapacidad de sus creadores de convencer a los podrían invertir en ellas! Es importante convencer a los demás de lo que sabemos. Y si nuestra actitud es negativa, atraeremos respuestas negativas.
Aún en negocios honrados y legítimos, si no contamos con el entusiasmo y la confianza necesarios para convencer a los demás, no tendremos éxito.
Y así, para estar convencidos y convencer, es imprescindible, como ya lo dijimos, el creer, y una vez que creemos, todo es posible. Para convencer frecuentemente tenemos que demostrar, ya sea con actitud o con hechos.
Para aumentar nuestra capacidad de convencimiento, es importante aumentar los conocimientos en motivación, el hablar sin miedo, y sobre todo, tomar conciencia de nuestras verdaderas posibilidades para convencer, sin descuidar por supuesto, el conocer y el tema que proponemos.
Se convences cuando se llega a la mente de la persona y se logra que reflexione y esté de acuerdo con nosotros; pero se le persuade cuando uno influye en sus deseos y pone en práctica lo que uno le sugiere.
Si recordamos a Freud en su libro La Psicología de las Masas, el poder del líder está en su capacidad de recrear el ideal narcisista (yo quisiera ser como…) de las personas. El carisma y la capacidad de una persona de flexibilizar sus palabras y sus acciones para influir, determina su poder de convencimiento.
