Por
Mario Góngora H.
Si me dieran a escoger de todos los deseos existentes para año nuevo, seguramente escogería el de la constancia, el de poder perseverar en toda acción que emprendiera.
Poder dirigir nuestra energía, nuestra ambición y la confianza en nosotros mismos con una constancia permanente hacia nuestras metas, seguramente y sin lugar a dudas nos darían el triunfo a cualquier ser humano.
En el mundo no han fracasado todos aquellos que parecen haberlo hecho, ni todos los que han sido derrotados han luchado en vano. Es siempre la batalla, la lucha, y no el referi lo que marca al hombre. No se trata tanto del objetivo, sino de crecer internamente para convertirnos en la persona que pueda lograr llegar a su meta. Es curioso que lo que en un momento podemos llamar fracaso, luego la vida y la historia lo convierten en éxito.
Aunque el pesimismo sigue haciendo adeptos para el año entrante, no debemos olvidar que el que persevera alcanza, y que la vida debe ser vista como una carrera de fondo; que las cosas más importantes de la vida no pueden obtenerse de la noche a la mañana. Si nos mantenemos en la carrera, es indudable que adelantaremos a los que se cansen, pero ganando o perdiendo, si seguimos en la carrera no seremos ignorados por la vida.
Algo que no debemos perder de vista es que si bien, el no adquirir grandes riquezas o distinciones en la vida no nos debe dar vergüenza, lo que sí debe dárnosla, es nunca llegar al llamado de nuestras capacidades y facultades naturales e intelectuales. En la vida, solo son recordados aquellos que perseveran, los que siguen en la lucha constantemente.
Alexander Pope alguna vez escribió que “El honor y la dignidad no surgen de la cuna; ejecuta bien tu papel: en esto radica toda la honra”. En realidad, aún la adversidad puede llegar a vencerse con buena voluntad y constancia.
Cuando intentamos ser constantes en algo, ocasionalmente la mente inconsciente nos hace pensar en nuestras fallas y deficiencias, pero no existe cosa tan perjudicial como caer en el hábito de encontrar sistemáticamente faltas en nosotros mismos, haciéndonos sentir “que no servimos para nada”.
Todos nosotros necesitamos una imagen mental que nos represente con la mejor actitud del mundo y en la cual podamos observarnos a nosotros mismos como lo que deseamos ser, haciendo notar que no todo se alcanza con solo soñarlo, pero todo lo que puede ser imaginado, puede ser conseguido si en verdad lo deseamos constante e intensamente.
El éxito, visto objetivamente, no es solo una meta a la cual haya que llegar para luego descansar, sino una seria interminable de metas. Detenernos en la gesta de cada una de ellas, significa fracaso. Muchos podrán notar cuando hemos perdido un encuentro, pero solo nosotros podemos saber cuándo perdimos la batalla.
