IGUALDAD

Por
Mario Góngora H.
La igualdad es un tema controversial, por lo tanto así lo es el presente artículo. “Todos somos iguales”decimos, y quizá sí lo seamos en cuanto a que todos somos considerados como pertenecientes a la raza humana o como hijos de Dios. Y ante las leyes todos debemos ser iguales, pero sabemos que no lo somos. Ante el Creador tampoco; algunos son los escogidos y otros no. Algunos respetan las leyes divinas y otros no lo hacen. Algunos fueron dotados de ciertos talentos y algunos los usan y otros los entierran. Unos son más flacos, otros son mas altos, y así, las diferencias son enormes.
Si tuviéramos que escoger entre libertad y la igualdad, deberíamos escoger la libertad. Las sociedades que dicen ser iguales, como la cubana o la de Corea del Norte, sabemos que lo único que igualan es la pobreza entre el pueblo y la riqueza ente la casta gobernante, y donde existen pocas libertades. La realidad es que ninguna cosa se ha hecho más desigual que el hombre.

Los que creen de buena fe la retórica de la igualdad, solamente están reconociendo su propia inferioridad.

La historia de la vida real, del alumno que predicaba la igualdad entre la sociedad, cuando su profesor le tomó la palabra y le puso iguales calificaciones a toda la clase, protestó inmediatamente diciendo que no era justo que mientras él se privaba de diversiones, del fútbol y un merecido descanso con el fin se sacar buenas calificaciones, se le pusiera al mismo nivel de los que no estudiaban. El joven ”igualitario” pedía enérgicamente que se reconocieran los méritos individuales.

Siendo diferentes, cada quien sobresale en lo suyo, y nadie puede decir que realmente a vivido sin haber alcanzado éxito en algo que hace. La personalidad se desarrolla aplicando ciertas cualidades naturales. Por ello, el éxito personal debe dejarse a la capacidad y al amor propio de cada quien, sabiendo que nuestro desarrollo depende de nosotros mismos y de qué tanto esfuerzo y dedicación ponemos en lo que hacemos.

Gracias a las diferencias, en muchos, los obstáculos multiplican la necesidad de luchar por algo, en vez de reducirla, tomando en cuenta que el éxito depende de la habilidad de detectar o percibir las cosas, de emprender algo nuevo y de contar con el suficiente valor en caso de fracasar.

La desigualdad nos hace considerar que no debemos pedir lo que no merecemos, sino en aprender y trabajar más para hacer más y merecer más. Tener la voluntad para vivir está bien, pero la esencia de la vida está en luchar. De todo lo que hay de bueno en la vida, nada puede ser conseguido sin luchar.

Si bien actualmente se pretende que nuestro objetivo sea la perfección en todo, el ideal en realidad está en desarrollar el proceso de maduración de mejorarnos lo suficiente para entonces poder aspirar a cierta perfección. Prácticamente nadie es totalmente perfecto.

Dado que dar un trato diferente a las personas entre las que existen desigualdades sociales o de cualquier otra índole, se llama discriminación, cada individuo deberá en lo personal, tratar a los demás, como le gustaría ser tratado.