HÁBITOS, CARÁCTER Y VIOLENCIA

Por
Mario Góngora H.

El poner nuestro esfuerzo en hacer algo útil es lograr una victoria sobre la indiferencia y la pereza, y al final de cuentas sobre la violencia.

La paz tiene que medirse en términos del esfuerzo y en la esencia del progreso basado en el trabajo. Tiene todo que ver con no zafarse de todo aquello que nos ocupa para realizar el bien. La pereza junto con deseos de poseerlo todo sin esfuerzo, crea y genera parásitos asesinos y asaltantes. Una sociedad que no traduce el trabajo en crecimiento, se auto mutila y cesa de existir.

Mientras nuestra sociedad no caiga en cuenta que nuestras acciones forman los hábitos de los cuales se deriva nuestro carácter, el cual es el que forma y norma nuestro destino, nuestro futuro es muy incierto.

El carácter no puede ser medido por la ciencia, más sin embargo, lo reconocemos por los resultados en nuestras vidas, pues en él se encuentra el auténtico secreto para ser libres. Y las virtudes no se aparecen por arte de magia. Las tenemos que buscar y encontrar, pero si las descuidamos, las perdemos. La realidad es que el hombre puede hacerse mejor o peor de lo que ya es por naturaleza, y por el lado de la maldad, ya sabemos hasta dónde son capaces aquellos que tomaron la opción del mal.

Todos tenemos la capacidad de reprimir las emociones negativas, pues decidimos en qué pensar y en qué no. Y si todos cultivamos lo mejor de nosotros mismos, las malas emociones desaparecerán por falta de riego y de cultivo. Nadie nace siendo asesino, violador, codicioso, prepotente y vanidoso. Los malos hábitos son el resultado de repetir continuamente todo lo negativo en nuestra vida, aunque esto haya sido inconscientemente.

La persona que ha vencido la pereza y trabaja, no está enajenada por los lujos ni se ha permitido ser atrapada por los vicios. No se pasa la vida deseando lo que no ha de tener. No rechaza ni rehúsa el dinero, pero jamás se deja comprar por él. El modo de vivir es lo que llena nuestra taza, y ninguna taza puede llenarse mas allá de su propio borde.

Es aceptable perder dinero para fortalecer nuestro carácter, pero no perder carácter para ganar dinero. Todo lo que realmente vale en el mundo no puede ser comprado con dinero. Podemos tener con qué vivir sin dejar de ser íntegros.

El hombre que con carácter es gobernado por su propia conciencia, sin importar lo que los demás piensen de él, jamás compromete su integridad.

“Las opiniones “de todo mundo” son solo opiniones de unos cuantos audaces y persistentes, las cuales prevalecen sobre las opiniones tímidas de la mayoría”. El hombre de carácter no se deja llevar ni por lo que suena bien ni por lo que algunos quieren que creamos. Nuestro sentido común nos lo dice todo, hagámosle caso.