Por
Mario Góngora H.
Aunque una nueva tendencia apunta a que a muchos jóvenes ya no les importa vivir mucho tiempo, sino meramente hacer mucho dinero sin trabajar aunque vivan solamente unos años más, involucrándose en el mundo del hampa, la gran mayoría de los seres humanos estamos programados para querer vivir lo más posible.
Los que optamos por la forma tradicional de ver y experimentar la vida procurando vivir lo más posible, podemos concluir a través de la experiencia, que nada preserva tanto la vida como el estar plena y totalmente interesados en ella. Los que optan por no trabajar desaparecen pronto, mientras los que se mantienen en actividad viven. Si uno no se interesa en la vida, la vida no se interesa en uno.
Para vivir más, es imprescindible ejercitar todas las facultades, y esto es tan cierto para los jóvenes, así como para los ancianos. La pereza conduce a la degeneración de los músculos, del corazón y del cerebro, agotando rápidamente las facultades intelectuales. Ejercitando el cerebro por ejemplo, los conocimientos adquieren mucha más fuerza durante la vejez, y se hace difícil definir cuándo las facultades para razonar sufran un verdadero deterioro. Pero sin ejercicio, sobre todo si existen antecedentes genéticos de la enfermedad de Alzheimerz, el deterioro puede ser inminente y precoz.
El trabajo y no la pereza es la mejor fuente de satisfacción del ser humano. La flojera consume más a los hombres que la sal al hierro, pues conduce a la degeneración y la ruina de la energía vital.
En ocasiones me he preguntado lo horrible que ha de ser la vida para una persona sin libros favoritos, sin recuerdos agradables de lo que ha hecho o experimentado. Las ocupaciones buenas hacen que las horas de la tarde de la vida sean mucho más bellas, de la misma forma que son más bonitas las últimas hojas de las flores cuyos capullos abren más tarde.
Un secreto para vivir más, es el procurar no sobresalir, sino contentarse con trabajar en medio de la paz y la humildad del espíritu; quizá una receta imposible de lograr para los ambiciosos, codiciosos y políticos.
Se dice que la edad es la sombra de la muerte, sin embargo, en el cumplir con el deber se pueden encontrar muchas recompensas. La verdadera preparación para la ancianidad no es trabajar hasta enfermar para luego gastar lo ganado en las curaciones de dichas enfermedades, sino en la pureza de la vida y en el cumplimento del deber. Esos deben ser los resultados de la existencia, sin importar si ésta es larga o corta.
Si durante el invierno de la vida se está descontento, éste será frío y húmedo, pero si por el contrario, si durante esta época se cuenta con la esperanza, la alegría y la paz, además de vivir más, se podrá partir, cuando llegue el momento, contento y feliz.
