Por Mario Góngora H.
Nuestras creencias son parte de la vida y no se refieren únicamente a los aspectos religiosos. No necesariamente nos llevan a obedecer ciertas reglas, sino nos ayudan a conservar y aplicar ciertos principios, pues éstos nos dan fuerza interior, mientras que las reglas solamente se refieren a restricciones o condiciones externas. A condiciones diseñadas e impuestas por el hombre.
Aunque muchos lo nieguen, todos vivimos gracias a lo que creemos, a la fe. Los que dicen que no creen en nada, creen en lo opuesto, en lo contrario. De hecho, creen en tantas cosas como los “creyentes”. Lo más importante es quizá, la forma o el modo en que creemos las cosas.
Ninguna civilización puede existir sin alguna clase de fe, sin alguna esperanza espiritual, pues a pesar de lo que afirman los que dicen que aquí termina todo, interiormente saben que lo único que no muere es el espíritu. Existen ya diversos de estudios de la vida después de la vida que así lo confirman.
El día de mañana pronto será un ayer, pero gracias a la esperanza humana, el mañana toma su forma de la fe que alienta hoy a cada uno de nosotros.
Las creencias siempre existirán, en una cosa u en otra. Y la ciencia, poco a poco, va revelando la vida del espíritu y su relación entre el tiempo y el más allá; en la eternidad. Una cosa es segura, que tener una fe implícita en un Ser Supremo, proporciona felicidad interior.
La realidad es que al fin de cuentas, casi todas las religiones que han dejado el dogmatismo a un lado, parecen llevarnos al mismo objetivo, y cualquiera de ellas es mejor que la vulgaridad de las adoraciones a narcos, a la“santa muerte”, a los fetiches y a los brujos.
La fe que necesitamos es la que nos lleve a ser más sinceros, más sencillos, más tolerantes con los que piensan diferente a nosotros. Los peores incrédulos no son los que no creen en los Santos ni en la Virgen, sino los que no creen en ser íntegros, desapegados a los bienes terrenales, y los faltos de bondad y compasión.
La verdad es que para encontrar algo de paz, las cosas que no podemos comprobar tienen que ser resueltas por la fe, por nuestras creencias. En realidad, la fe nos ha educado. Hemos tenido que creer en lo que nuestros maestros y los libros nos dicen, sin poderlo comprobar inmediatamente. Existen cosas que nunca podemos ver tal cual, sino solamente percibimos sus consecuencias, pero creemos en ellas. No todo lo que no vemos no existe, así como muchas cosas que vemos tampoco son necesariamente la realidad.
Alguien dijo en alguna ocasión que “La fe es la esencia de lo que esperamos y la evidencia de lo que no podemos ver…es la fuerza que infunde nueva vida a nuestras ambiciones, que imprime nuevo ímpetu a nuestros deseos y que nos encarrila en la senda del éxito”.
