Por
Mario Góngora H.
Casi parece ser normal. Cuando los ciudadanos tienen un gobernante dominador, tirano que hace lo que se antoja independientemente de la opinión y sobre todo de las necesidades de sus gobernados, los dominados atrapados en sus gobiernos, frecuentemente pugnamos por la paz, por la tolerancia, por la justicia y por la honorabilidad. Para estos gobernantes la vida social, económica, moral y física no importa. Desafortunadamente cuando llegan a gobernantes, nunca olvidan las mañas y malos hábitos que aprendieron como políticos.
Lo malo es que llegando al gobierno, ya es demasiado tarde para que ellos aprendan el arte de dirigir a su pueblo. Una vez en el poder, resienten y no toleran que alguien ponga en duda su infalibilidad. Piensan que sus mentiras pasarán como verdad, que sus estadísticas serán creídas por todos los ciudadanos.
A muchos de los que nos dirigen les pasa lo que nos cuenta Voltarie sobre el anciano Belus, Rey de Babilonia, que se creía el hombre mas importante del mundo, solamente porque así se los decían sus cortesanos y se lo repetían sus panegiristas, los que le dirigían elogios y a quienes les pagaba por inventarle todo tipo de virtudes.
Todo político que se considera a sí mismo prominente tiene socios, secuaces y cómplices que deberían estar en prisión y otros mas hasta en un manicomio.
La ilusión mas grande de la ciudadanía es creer que la mayoría es la que nos gobierna. Pero nuestra mayor desgracia es que esto no sea cierto, como lo pudimos constatar en las recientes elecciones. En nuestro país, y en algunos otros también, desde tiempos inmemoriales, es solo un pequeño grupo de vivos el que nos gobierna y nos domina. Y un grupo mucho más numeroso es de otros menos vivos que es el que obedece y no tiene derecho a réplica. Es el que está sujeto a represalias hasta por pensar diferente.
“La visión de DeTocqueville de una nación de animales atontados, sin iniciativa y pastoreados por el gobierno, ya no parece grotesca en estos tiempos”, sobre todo con el presunto “triunfo” del PRI.
Actualmente a lo más que podemos aspirar los ciudadanos es el de “pedir”, lo que si llegamos a hacer, es en un tono vacilante y desilusionado.
No está mal que solo sea una minoría la que vote por una persona en específico, sino lo que nos falta es que elijamos bien a la persona adecuada, la que al menos debería tener cierto grado de cultura, liderazgo basado en el ejemplo y una conducta comprobadamente honesta. ¿Quién de nuestros gobernantes llena estos requisitos?
En las condiciones en la que se encuentra la política en la actualidad, para triunfar solo se necesitan conocer las mismas trampas de siempre. Así es como llegan nuestros nuevos gobernantes al poder.
