NOTORIEDAD

Por
Mario Góngora H.
Muchos buscan la notoriedad y la fama por el poder o el dinero que les puede dar. No se puede adquirir notoriedad y fama sin algún tipo de publicidad, la cual se obtiene siendo aduladores y apareciendo en las fotos con los ‘importantes’ o en las primeras filas de los grandes eventos. Pronto el ego se transforma en una droga que genera adicción. Una vez probada, el hombre sufre como un heroinómano cuando se la quitan.

No pasa mucho tiempo antes de que el buscador de notoriedad y fama concluya que es mejor reconocer a los hombres que ser reconocidos por ellos. Que es más satisfactorio ser modesto y sencillo.

En la ciudad, como en la época de la antigua Roma, se erigen muchas estatuas en honor de los que alguien decidió que fueran héroes. Y es cuando una sociedad se empieza a eregir estatuas a sí misma o a personajes sin ningún hecho heróico, que nos damos cuenta que la nación está siendo degradada al lugar más bajo de su historia. Deben ser las generaciones del futuro, las que juzguen quién merece el nombre de héroe.

Los verdaderos héroes no son los políticos, mucho menos los actuales recién ‘elegidos por el pueblo’.

Los verdaderos héroes, que no necesitan estatuas y adulaciones ni aparecen en los diarios, son los que verdaderamente trabajan, estudian, sacrifican fiestas y borracheras y al final de cuentas, tienen éxito.

Es normal que el hombre modesto, que no busca reconocimiento público, no viva del erario público. De hecho es el antípoda de los zánganos que solo saben vivir del sistema. No es un héroe al estilo de un cantante, ni de un torero ni de un boxeador, ni de un narco. Tampoco se mete en problemas. Procura no salir en la foto con el político en turno. No se pasa las tardes en los cafés. Sin embargo, es el que es buscado para pagar sus impuestos, al que pueden multar porque en un semáforo, el verde ya estaba parpadeando, o porque el estacionómetro era para otro auto y no el suyo; por estar estacionado hablando por celular con el motor andando.

El que busca notoriedad, poder y dinero llega demasiado tarde a la conclusión que el poder y la fama no hacen grande a una persona. Lo único que hace grande a un hombre son sus principios, sus valores, su nobleza, el valor que tenga para reconocer sus errores y su carácter.

La notoriedad es algo muy débil para servir de base a la grandeza humana.

El amor a la notoriedad y la fama, es avaricia de humo