TENGAMOS VALOR

Por
Mario Góngora H.

Dice un dicho “al que se cree oveja, se lo comen los lobos”. Y no es solo la falta de valor, sino nuestra desesperada necesidad de intereses y comodidades personales lo que nos vuelve inactivos, temerosos, cobardes. Nuestro amor por lo fácil nos ha convertido en un país que lo acepta todo, incluyendo gobernantes impuestos; corrupción, impunidad; inclusive, asesinatos de Estado.

La diferencia entre el valeroso y el cobarde está en la mentalidad y sobre todo en la voluntad. El triunfo del valeroso depende de si tiene un alto propósito y luego, realizarlo. No depende de si las circunstancias le son favorables o no, sino de lograr su objetivo a pesar de las situaciones adversas.

Con valor, no nos debe preocupar si caemos una o varias veces. Recordemos que solamente un gusano nunca cae.

El mejor tiempo para ser valientes es precisamente cuando faltan los valientes, porque entonces nuestro valor nos vuelve más fuertes. Todos hemos sido desafiados, pero no todos hemos sido derrotados.

Si hemos entrenado nuestro espíritu, nuestra mente y nuestro cuerpo, los malos tiempos y nuestros adversarios serán vencidos.

Pez que no nada, se lo lleva la corriente, pero el que sí lo hace, lo puede hacer aún contra la misma corriente.

Desear la muerte cuando nos sentimos perdidos y vencidos, no es signo de valor y ni siquiera de cobardía, sino de depresión. Ser un hombre valiente es luchar hasta el final, es el desear seguir viviendo para poder seguir luchando. Tampoco debemos achicarnos por los peligros ni la adversidad.

En nuestra vida debemos compartir nuestros Principios y nuestros Valores con los demás, y debemos luchar por no dejarnos corromper ni por las riquezas ni por las adulaciones.

Cuando uno sufre un golpe de fortuna, una traición o una decepción, es que los mismos acontecimientos nos juzgan suficientemente fuertes y valientes, para probar nuestro valor.

El hombre que se puede conservar sereno ante la derrota o ante el desastre, es mas grande y mas hombre que el que conquista un pueblo. Es importante tomar lo bueno y lo malo con el mismo espíritu.

Las leyes de la naturaleza han establecido que en toda forma de estrategia, el ataque normalmente es la mejor defensa. Quien le da la cara a su adversario, es probable que lo ponga en fuga. El que no actúa o se esconde, puede ser aniquilado en su propio refugio